Hay que volver la vista al campo

Cuando un producto del campo llega a las manos del consumidor tiene un precio que supera, con rango exponencial, el costo de producción. Lo que llega a manos del productor, en cambio, apenas compensa los costos. Esta realidad es lo que hace poco atractivo invertir en el campo, a menos que el inversionista sea a la vez propietario de redes de distribución o que su producción esté destinada a un proceso industrial al que esté vinculado. Insumos caros, dificultades de financiación y los riesgos que impone nuestra tropical  naturaleza contrastan con los bajos ingresos del productor y la alta rentabilidad que tiene la intermediación.

El doctor Enriquillo Rivas, un agroproductor de mucha experiencia, considera que es necesario una reingeniería del campo. Una razón para que se ejecuten transformaciones profundas es que la necesidad de producir alimentos ha pasado de actividad comercial a proceso estratégico que los estados y gobiernos deben proteger con mucho celo. Es necesario que los productores puedan contar con ventanillas de crédito menos restrictivas y que determinadas normas prudenciales del mundo financiero sean flexibilizadas para este sector. Además, de alguna manera hay que lograr que mejore la rentabilidad del campo sin inflar los precios al consumidor. Definitivamente los planificadores deben volver la vista al campo.

La exención fiscal no basta
La vida del campo se ha hecho costosa y difícil. La poca inversión de los gobiernos en infraestructura de servicio impide que la vida en el campo conserve sus encantos. Servicios como salud y educación no están en el campo a tono con la modernidad que se respira en las ciudades. Esta situación estimula entre los campesinos el abandono de las labores agropecuarias para radicarse en  las ciudades en busca de mejores medios de vida.

Los productores agropecuarios disfrutan de las mayores exenciones fiscales, según afirma la Dirección General de Impuestos Internos. En términos reales, lo que no se cobra en impuestos a los insumos, lo tiene que destinar el productor a tratar de mejorar su acceso a los servicios para hacer más llevaderas las condiciones de vida. Hay en las ciudades decenas de miles de estudiantes que han debido abandonar el campo. La exención en materia fiscal no compensa la penalización de tipo social.