Héctor Valdez Albizu comenta un artículo de Bernardo Vega

Dibujo

Héctor Valdez Albizu

Licenciado Bernardo Vega

Santo Domingo, D.N. Sus
manos.
Apreciado exgobernador y
amigo:

Santo Domingo, D.N.-Como ha sido mi costumbre cuando tu escribes, he leído con sumo interés tu artículo publicado en fecha 19 de enero del presente año en el periódico Hoy, sobre cómo mejorar la distribución del Producto Interno Bruto en la República Dominicana, el cual considero sumamente oportuno y apropiado como parte de los actuales planteamientos relativos a los salarios, la desigualdad y el crecimiento económico en nuestro país. Te confieso, Bernardo, que ha sido de gran agrado para mi persona el hecho de que un colega con el conocimiento sobre la temática económica nacional, la trayectoria y tu prestigio profesional como economista, historiador, antropólogo e investigador social y económico, se haya detenido a analizar este importante tema sobre cómo mejorar la distribución del “bendito” PIB. Todo lo anterior complementado además, como te señalé en la pasada cena de la Junta Monetaria, por considerarte un bancentraliano de “pura cepa”. Permíteme aprovechar la ocasión antes que nada para saludarte, y compartir contigo algunas ideas y reflexiones sobre estos temas que has expuesto tan brillantemente en tu artículo.

Ciertamente Bernardo, como bien recordarás, el debate sobre el crecimiento económico desigual y su impacto en el desarrollo económico ha sido un tema central de la teoría económica clásica. Sin querer soslayar con esto tu interesante mención de Karl Marx sobre cómo crear una sociedad más igualitaria, recuerda que Adam Smith en su libro “La Riqueza de las Naciones” prioriza la necesidad de aumentar los ingresos, el ahorro y la inversión como mecanismos para incentivar la acumulación de capital, el cambio tecnológico y el crecimiento económico de largo plazo. En ese mismo orden, durante el siglo XX, prestigiosos economistas como Ragnar Nurkse, Paul N. Rosenstein-Rodan y Gunnar Myrdal han señalado al “círculo vicioso” de la pobreza como una de las principales causas de inestabilidad social, política y económica que han caracterizado a los países en vías de desarrollo. De esta manera, la falta de ahorro, las inversiones no productivas, los bajos salarios, la demanda limitada, los bajos niveles de ingreso y de renta podrían conducir a un círculo vicioso de crecimiento económico desigual e inestable. En ese mismo orden, en su controversial libro sobre el “Capitalismo del Siglo XXI” el renombrado economista francés Thomas Piketty, a quien señalas en tu artículo, argumenta que la distribución desigual de la riqueza es un factor importante de inestabilidad social y económica. Igualmente, distintos ganadores del premio nobel de economía—entre ellos Theodore Schultz, Josepth Stiglitz, Paul Krugman y Angus Deaton—han coincidido en que es necesario aumentar los ingresos para disminuir la pobreza y la desigualdad a fin de lograr un crecimiento económico más equitativo, saludable y sostenible con estándares de vida más altos que beneficien a toda la sociedad. Como puedes apreciar, se podría afirmar que existe toda una escuela de pensamiento económico en torno al tema, la cual no es ajena a la discusión que se mantiene en los cónclaves internacionales entre los que se encuentran el G-20 y los presidentes y gobernadores de Bancos Centrales, aun cuando estos temas escapen la ortodoxia bancentraliana.

Recientemente, y en línea con estas discusiones, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha exhortado a los países miembros a promover un crecimiento económico más equitativo, siendo este tema un tópico de discusión en las pasadas reuniones de otoño del FMI celebradas en Perú. Como he citado en declaraciones recientes, varios estudios del FMI documentan que un aumento del 1% en el ingreso de los pobres y de la clase media pudiese conducir en cinco años a un incremento de 0.38% en el Producto Interno Bruto (PIB). En cambio, un aumento de la misma proporción en el ingreso de los ricos conduciría a una reducción de 0.08% en el producto, ya que, los ricos usualmente gastan una proporción menor de su ingreso, es decir, consumen menos, afectando así negativamente la demanda agregada y el crecimiento. En adición, la evidencia económica sugiere que la inequidad y los bajos ingresos son factores importantes que inhiben la estabilidad macroeconómica y el

crecimiento.Como bien señalas Bernardo, este es un debate que trasciende la política económica ortodoxa, puesto que ahora los organismos internacionales, de los cuales nuestro país es signatario, tal como es el caso del FMI y el Banco Mundial—a raíz de la profunda crisis financiera de 2008—han puesto en vigencia una serie de recomendaciones de políticas económicas no-ortodoxas, entre las cuales se encuentran propuestas para abordar los temas de pobreza y distribución de la riqueza que tanto han dado de que hablar en nuestra querido país. En adición, dichos organismos han abogado por la puesta en vigencia de mecanismos de inyección de recursos utilizados por parte de los bancos centrales de economías avanzadas y países emergentes, a modo de política monetaria contracíclica, para enfrentar la recesión y el estancamiento, mediante la adquisición de carteras y/o títulos de deuda de los bancos e instituciones financieras, así como del Tesoro, en el mercado segundario. Basta mencionar los ejemplos de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED), el Banco Central Europeo, y más recientemente los casos de Japón y China.

Es igualmente importante mencionar, mi apreciado amigo, aunque pienso que estás más al tanto de esto que yo, pues te has hecho eco de ello en tu interesante artículo, que en la última década la República Dominicana ha logrado avances considerables en materia de reducción de pobreza y desigualdad. Desde 2005, la desigualdad (medida por el coeficiente de Gini) ha disminuido aproximadamente un 8%. Igualmente, el “Informe del Panorama Social de América Latina 2014” preparado por la Comisión Económica para América Latina (Cepal) documenta que la pobreza multidimensional ha disminuido de un 48% de la población en 2005, a un 38% en 2012. Sin embargo, el progreso económico que ha caracterizado al país en los últimos años no se ha derramado substancialmente a todos los sectores productivos de la economía nacional. A pesar de los avances, que como bien sabes, aún existen grandes disparidades en el sistema salarial de la estructura productiva nacional.

En este tenor, debo mencionarte que estudios económicos realizados por el Banco Central sugieren que desde el 2005 los salarios reales han permanecido prácticamente estancados a su nivel de 1991 a pesar del crecimiento sostenible de la productividad laboral. A modo de ejemplo, entre 2005 y 2013, la productividad laboral ha crecido al menos un 3% en promedio cada año, sin embargo, durante este período de tiempo los salarios reales han permanecido relativamente estancados. Más aun, los salarios en términos nominales son inferiores al costo de la canasta básica. En el 2015, el salario mínimo promedio del sector público y privado—excluyendo las grandes empresas—es de tan solo RD$7,258, mientras que el costo de la canasta básica del primer quintil de la población es de RD$13,091 pesos. Vale la pena mencionar, que aun las grandes empresas pagan un salario mínimo (RD$12,873) que es inferior al costo de la canasta básica. A pesar de un crecimiento económico promedio de 5.4% durante la última década, los beneficios del crecimiento no se han derramado en mayores ingresos para los trabajadores más pobres de los sectores más dinámicos de la economía. Los sectores de construcción, comercio y zonas francas—los más dinámicos en los últimos años—son los sectores donde se emplea la mayor cantidad de trabajadores que devengan el salario mínimo.

A nuestro entender, un aumento general de los salarios es necesario para cubrir los costos de la canasta básica, reducir distorsiones en el mercado laboral, y al menos facilitar algún tipo de ahorro e inversión por parte de las familias dominicanas a fin de lograr un crecimiento económico más estable, equitativo y sostenible. En este sentido, Bernardo, me llamaron poderosamente la atención tres afirmaciones en tu artículo. Primero, mencionas que un aumento de salarios pudiese empeorar la distribución de la riqueza debido a los impuestos indirectos.

Segundo, propones que un aumento de salarios pudiese deteriorar la balanza de pagos debido al aumento de las importaciones, y a la pérdida de competitividad de las exportaciones a causa de mayores costos laborales. Tercero, afirmas que un aumento de salarios reduciría la proporción del PIB que se ahorra, eventualmente reduciendo el crecimiento.

Reflexionando sobre estos temas, si bien los impuestos indirectos podrían empeorar la inequidad como bien señalas, no es menos cierto que las políticas económicas que financian estos impuestos, como son la seguridad social, los planes de pensiones y los subsidios, así como los programas de educación y tanda extendida, contribuyen a redistribuir la riqueza y a mejorar la equidad social. En ese mismo orden, si bien el crecimiento económico tiene un efecto directo y positivo sobre las importaciones, históricamente desde 1997 la mayoría de estas importaciones son en promedio de materias primas y de bienes de capital, las cuales ciertamente contribuyen a la producción nacional y al crecimiento. En términos de las exportaciones, la evidencia económica sugiere que mayores salarios e ingresos incentivan la formación de capital humano, lo que eventualmente mejora la productividad laboral y la competitividad de las exportaciones en el largo plazo.

Finalmente, Bernardo, te confieso que lo que más me ha llamado la atención en tu artículo, es tu afirmación de que el aumento de los salarios reduce la proporción del PIB que se ahorra. Como bien sabes, en la teoría macroeconómica convencional el ahorro es una función del ingreso. De esta manera, el ahorro es tradicionalmente definido como la diferencia entre el ingreso y el consumo, por lo que, otros factores constantes, un aumento de salarios conduciría a mayores niveles de ingresos y eventualmente a un mayor ahorro. Además, como sugirió el premio nobel de economía Simon Kuznets, la propensión de ahorro de las familias sobre su ingreso es relativamente estable en el largo plazo. A modo de ejemplo, datos del Banco Mundial para la República Dominicana sugieren que el ahorro neto nacional ajustado como porcentaje del ingreso nacional bruto se ha mantenido relativamente estable en los últimos 20 años, es decir, en un 13% durante los años noventa y un 13.6% durante la década del 2000.

De este modo, estimado amigo, luego de reflexionar calmadamente sobre estos temas, estoy más que convencido de la imperiosa necesidad de un aumento de salarios focalizado especialmente en el sector público, y en aquellos niveles que están entre los RD$5mil y RD$25mil al mes, los cuales representan el 80% de la nómina pública global. Lo anterior para que el crecimiento económico contribuya efectivamente a derramar los beneficios económicos del aumento de la producción, y consecuentemente, a continuar promoviendo la estabilidad macroeconómica y el crecimiento económico de largo plazo. Como ha citado John Maynard Keynes “Los fallos pendientes de la sociedad económica en que vivimos son su incapacidad para proporcionar pleno empleo y su arbitraria y desigual distribución de la riqueza y los ingresos”.

Por último, te prometo cerrar estas disquisiciones teóricas y no volverme a referir sobre el particular, para tratar así de mantenerme dentro de las funciones propias de un gobernador de un banco central, como ha sido mi costumbre.
Con sentimientos de mi más alta consideración y estima.
Tu amigo,

Héctor Valdez Albizu.