Heinrich Böll y las realidades del mundo presente (1 de 2)

DIÓGENES VALDEZ
Sin lugar a dudas que Heinrich Böll es el más importante escritor alemán de la posguerra. Galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1972, sus obras más importantes son: Opciones de un payaso, ¿En dónde estás tú, Adam?, Casa sin amo, Retrato de grupo con dama, Billar a las nueve y media, El tren llegó a la hora, La aventura y otros relatos, Diario irlandés, y su polémica y urticante novela El honor perdido de Katharina Blum.

Casi toda la obra de Böll no es más que un violento inventario de la Alemania en ruinas, a fines de la Segunda Guerra Mundial. Con la excepción de El honor perdido de Katharina Blum, todas sus novelas y relatos se convertirían en historias de familias enteras, de diferentes estratos sociales, a través de generaciones, en las cuales él trata de comprender las causas que generaron determinados acontecimientos que conducirían a su patria a vivir momentos aciagos, tal y como los presenta específicamente en la novela Retrato de grupo con dama.

Por encima de las preocupaciones literarias de Heinrich Böll, ¿cuáles otros motivos dominan su pensamiento, después de la claudicación de Alemania en 1945?

En una entrevista a Howard Towarnicki, Böl confiesa que una de sus mayores ambiciones era reencontrar y purificar la lengua alemana, desviada y falsificada por doce años de fascismo. Según sus propias palabras, esto, más que un deseo, constituía una esperanza que compartía con otros escritores que comenzaban al mismo tiempo el oficio de escribir en los albores del año 1945. Señala Böll que su intención no era hacer propiamente moral por medios literarios, sino buscar una forma de expresión para traducir de una vez por todas, los sucesos que afectaron a todos los alemanes durante la oscura égida de Adolfo Hitler, y al mismo tiempo, “traducir las realidades del mundo presente”.

Heinrich Böll declara que en cierto modo Mein Kampf (Mi lucha), de Adolfo Hitler, fue la lectura más importante de su vida y que contrariamente a la mayoría de los alemanes, él había leído ese libro con detenimiento, cuando apenas tenía 17 años, sintiéndose “terrorificado por el texto”, en el cual se observaban clichés y oscuridades que él no duda en calificar de “dudosos y falaces”. Este libro de Hitler representó para Böll una lectura decisiva, pues desde el primer contacto con dicha obra logró percatarse que dicho texto sobresalía “por la manera inaudita de deformar la lengua y engañar”.

Más que un Böll ecléctico, desde el punto de vista literario, de él se puede decir que es un escritor polifacético. Al igual que esos cronistas de la Biblia, su obra es portadora de mensajes que en la mayoría de los casos van de un punto cercano al espíritu del lector, a otro, lo más distante posible, llegando a tocar temas altamente polémicos.

La fama de “ferviente católico” surgida a raíz de su primera gran novela, “Opiniones de un payaso”, se desvanece al contacto de sus obras posteriores. De la misma forma que se puede afirmar que hay un Böll católico, también se puede hablar de un Böll antimilitarista (Acto de servicio), de un Böll feminista (Retrato de un grupo con señora), y de un Böll que se preocupa por los conflictos intergeneracionales (Billar a las nueve y media).

Con la misma facilidad expresiva con que elabora sus textos narrativos, Böll confiesa que considera muy difícil encontrar dentro de la literatura alemana contemporánea una deformación más radical de la lengua en época del fascismo, llegando a confesar que “después de la guerra, todas las mañanas, me regocijo porque los nazis ya no están”.

Después de concluido el último gran conflicto bélico mundial, Böll se constituyó en uno de los máximos representantes de la corriente que se denominó “Trummerliteratur”, es decir, “literatura de los escombros” Esta agrupación, formada por intelectuales que comenzaron a escribir a partir del año 1945, y a quienes une los efectos traumatizantes de la posguerra y la liquidación del nazismo, también fue conocida como el Grupo 47. Böll se considera “un intrumentalista”, ya que de la escritura lo que le interesa es la técnica y los experimentalismos formales, los caracteres, los personajes, según las formas literarias que se le presenten.

En ocasiones a Böll se le ha tachado de tener influencias de Jonathan Swift y de Charles Dickens, lo que a juicio de Towarnicki es “identificarse con un realismo como farsa o literatura grotesca”. Böll considera a su vez, que es una falsedad el aserto de que un escritor tenga influencias exclusivamente de un solo autor. Para él, un pintor puede estar influenciado por la literatura, un músico por la pintura y un escritor, por todas las demás artes, “incluso por la arquitectura”.