Hemos sido víctimas de nuestras propias debilidades

Si nos detenemos brevemente a analizar algunos procesos vividos luego de la desaparición de la tiranía trujillista, notaremos todo el tiempo desperdiciado en luchas o discusiones que de haberse encaminado por otros senderos, seguramente nos hubiesen conducido a lugares mucho más sólidos e institucionales.

Desde el momento mismo en que los partidos comenzaron a aparecer en el espectro nacional, empezaron las divisiones entre sus líderes. Teniendo ideas o conceptos más o menos compatibles en aspectos fundamentales, se puso de manifiesto lo insustancial y personal, desaprovechando la oportunidad para emprender de manera conjunta un proyecto de nación.

En el movimiento estudiantil tanto universitario como secundario, en vez de aunar esfuerzos para cambiar la mentalidad y los métodos trujillistas enquistados en todas las estructuras, se produjeron luchas grupales que alejaron las posibilidades de esfuerzos mancomunados. Los enfrentamientos entre FRGUA, BRUC, FUSD, UER y JRC dominaron el escenario.

El movimiento sindical por igual, en vez de convenir acciones conjuntas en aspectos que beneficiaran al sector laboral, enfilaron los cañones unos contra otros hasta que se convirtieron en empresarios. Pero ni siquiera el sector empresarial ha logrado conformar una sola entidad.

Luego del derrocamiento del gobierno Constitucional de Bosch, las fuerzas políticas, sindicales y estudiantiles se disgregaron, y si bien se llevó a cabo una acción de incalculable valor y arrojo en las montañas, por falta de la coordinación necesaria, se privó al país de hombres valiosos que pudieron tener una participación posterior de muchísimo valor en el proceso democrático. Salvo el paso dado por Bosch en el 1964 con el Pacto de Río Piedras entre el PRD y el PRSC, las demás acciones fueron tan fragmentadas como agrupaciones había.

Durante el proceso Constitucionalista de abril, con participación de distintos grupos y pensamientos, todavía hoy hay sectores que se empecinan en desconocer el rol plural de dicha guerra patria. En vez de resaltar que militares, perredeístas, izquierdistas, socialcristianos, independientes e incluso algunos conservadores participaron en la lucha por el retorno a la constitucionalidad, viven cegados por la pasión sectaria.

Del grupo armado comandado por el héroe nacional Francisco Alberto Caamaño que vino por Caracoles, los pocos que lograron salvar sus vidas, como dice un agudo periodista: “no han podido coexistir en proyectos e ideas comunes”.

Frente a un tema de interés como el que tiene que ver con la reglamentación y regularización de los extranjeros y las relaciones con el vecino país, somos incapaces de deponer actitudes y procurar fórmulas, si se quiere eclécticas, para fijar una posición común frente a un problema común. Por el contrario, lo que se hace es torpedear a la búsqueda de una fórmula nacional.

Las pugnas, la falta de visión y de planes comunes nos han diluido, consumido y estancado. Además de nuestras propias debilidades, debido a las estrategias inteligentes utilizadas por sectores extranjeros y locales que se valen de esas inconsistencias. Hemos desperdiciado demasiado tiempo en aspectos que solo han servido para que algunos alimenten su ego y otros se beneficien de ellas.