Hemos sido y somos un país hospitalario

Hemos sido y somos un país hospitalario

La República Dominicana no ha tenido suerte, digámoslo así, con los organismos internacionales que bregan con las migraciones. Sobre todo, con los que tienen agencias en el país. Porque hasta ahora solo miran para un lado, el de los inmigrantes. Nunca se detienen a observar las condiciones de vida de la nación receptora y sus limitados recursos.

República Dominicana es un país de inmigrantes. Ya sabemos que los protagonistas del descubrimiento de América exterminaron a los nativos con el peso del duro trabajo en las minas de oro y con las enfermedades que nos trajeron. A partir de aquí ha llegado gente de todas partes, de Europa y de Africa, y andando el tiempo ese movimiento fue amplio y disperso en términos geográficos. Por eso hoy somos un arcoíris racial.

En casi todo el mundo las migraciones son positivas. Los migrantes llegan a las naciones con sus ilusiones y las ganas de construir sus sueños, son fajadores, suelen tener mucha capacidad de iniciativas, son emprendedores, como se dice ahora, hombres y mujeres con fe suficiente para mover cuantas montañas de obstáculos se les presenten.

Los aportes de los inmigrantes que han llegado a nuestras tierras están ahí, en la industria, en las artes plásticas, en la agropecuaria, en las universidades, en la música, en el turismo, en el periodismo, en la industria azucarera, en los templos, etc. Nuestra historia, en síntesis, está vinculada a los distintos grupos humanos que han encontrado espacio en el territorio dominicano.

Pero el país no puede ser un receptor abierto y permanente de extranjeros. No caben todos en nuestro espacio ni tenemos los servicios y la fortaleza económica para proveerles una vida como todos merecen. Esto deben verlo los organismos internacionales que vigilan los movimientos migratorios.

Recientemente hemos acogido a miles de hombres y mujeres de Haití y también a miles de venezolanos. Gozan de las mismas libertades que los dominicanos y se les permite trabajar donde encuentren oportunidad, pero tratamos de que documenten su presencia en el país como establecen nuestras leyes. Es un derecho que nos asiste y al que no debemos renunciar.

En casi todo el mundo las migraciones son positivas

Hemos acogido miles de hombres y mujeres haitianos y venezolanos

Pero no podemos ser receptores permanentes de extranjeros

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