Hermanados por el ejercicio del derecho

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POR ÁNGELA PEÑA
Son emblema de una hermandad que comenzó en las aulas universitarias, en 1949, y se mantiene cincuenta años después a pesar de las diferencias políticas o del enfrentamiento en estrados defendiendo causas desde barras contrarias.

Entre ellos hay un símbolo histórico de la lucha por la libertad: Manolo Tavárez Justo, que conquistó con su prédica y con su ejemplo a condiscípulos como Luis Escoto Gómez, Juan Bautista Mejía, Julio Miguel Escoto Santana, Radhamés Rodríguez Gómez y Miguel Arcángel Vásquez Fernández, miembros fundadores del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, algunos desaparecidos por la tiranía de Trujillo.

Pero también encarnan una generación que se distinguió por la versatilidad de sus integrantes que, pese a ser graduados en Derecho, descollaron con excelencia reconocida en otras áreas, como la literatura, en la que sobresalen Lupo Hernández Rueda, poeta laureado, miembro prominente de la Poesía Sorprendida, autor del primer código laboral anotado; Juan Alberto Peña Lebrón; Joaquín Emilio Ortiz Castillo o Antonio Thomén Acevedo que además de historiador y autor de textos de moral y cívica ha sido el más decidido defensor del medio ambiente, la supervivencia de las especies y la biodiversidad o como Roy Alberto Bridgewater y Julio Escoto, el primero maestro de múltiples promociones de locutores, entre los que estuvo el doctor José Francisco Peña Gómez y el segundo, notable propulsor de la masonería.

Este año celebraron el medio siglo de haber egresado de la Universidad de Santo Domingo y además de conmemorar tan significativo cumpleaños recordaron atrevimientos estudiantiles, elogiaron compañeros sobresalientes, rindieron homenaje a los que son modelo de perseverancia y esfuerzo, compararon la sociedad presente con la de sus años universitarios y rindieron tributo a condiscípulos fallecidos y a sus profesores entre los que estuvieron Manuel Ubaldo Gómez, Froilán Tavares, Hipólito Herrera Billini, Castro Rivera, Manuel Arturo Peña Batlle, Leoncio Ramos, Damián Báez, Manuel María Guerrero, Armando Oscar Pacheco, Juan Morel, Rafael Bonnelly, Manuel A. Amiama, Oscar Robles Toledano, Manuel Machado, Manuel Ramón Ruiz Tejada, Ambrosio Álvarez Aybar…

Thomén congregó en su casa a Bridgewater, Juan Abreu Alcántara, el primer abogado que se dedicó a los asuntos de seguro y que durante años acogió en su bufete a abogados recién graduados; Julio Miguel Escoto Santana, estrecho colaborador de Manolo Tavárez; Hernández Rueda, Daysi Frómeta Serra viuda García Castro, Rodríguez Gómez, fundador del Sindicato Unido de La Romana y creador del Pacto Laboral de 1963 que ha servido de modelo a los demás acuerdos entre obreros y patronos firmados en el país después del trujillato, y Norma Cecilia Rosa Flores Mota, definida como “la bujía inspiradora” de la unidad del grupo a través de los años.

NI SERVILES NI INDIFERENTES

Son críticos, ocurrentes, osados. Se enorgullecen de no ser corruptos, serviles ni indolentes. “Además de prácticos somos idealistas y litigamos desde el punto de vista jurídico. No damos preferencia a ningún truco, vamos al examen del derecho”, acota Hernández Rueda. Confiesan no haber sido sumisos ni indiferentes al régimen de Trujillo. Los que no trascendieron como antitrujillistas, afirman, fueron cómplices de sus condiscípulos opositores. Según Bridgewater, a unos no les gustaba la política y se dedicaron a estudiar. Lupo y doña Norma aseguran que alrededor de Manolo circulaba un grupo opositor a Trujillo que ellos conocían y jamás delataron.

Todos sobrepasan los setenta años y aun ejercen la abogacía o las otras profesiones por las que se inclinaron. Casi todos fueron, o son, catedráticos universitarios. Son lúcidos. Evocan hechos tan lejanos como que a Elisa Galván Hernández, por ser la más bella, el profesor Robles Toledano le decía Lucrecia Popea, que Alberto Peña Lebrón se cambió el nombre original, Agripino, que a Vicente Pérez Perdomo le decían Pérez Prado, que Gloria Amantina Vargas o era también de las más bonitas o a que Thomén Acevedo le gustaba bailar el cha-cha-cha El Bodeguero.

Hernández Rueda, al que llaman “Lupus”, cuenta que sus maestros corrían el riesgo de impartir cátedras a base de memoria “y nosotros los careábamos. Sucedió que José Escuder y Vincho Castillo cuestionaron a Rafael Bonnelly, siendo rector y profesor, porque no preparaba bien las cátedras y Bonnelly se molestó y se fue, alegando que había que respetarlo como hombre y como rector. Volvió a los dos meses y ya era otro profesor. De modo que nosotros nos sabíamos bien los temas”.

Por ser tan sobresalientes, algunos fueron homenajeados, como Peña Lebrón y Rodríguez Gómez que recibieron los premios “Ramfis” y “José Ernesto García Aybar”, respectivamente, a los mejores estudiantes. Les sobraba poco tiempo para la diversión pues casi todos estudiaban y trabajaban al mismo tiempo. Bridgewater en La Voz Dominicana, adaptando novelas para radio, y como profesor de inglés y comercio; Abreu era empleado de Estadísticas y asistente del director de Transporte Urbano; Lupo, tasador del Catastro y maestro de La Salle y del colegio Santo Tomás; Thomén era encargado de una biblioteca privada, doña Daysi sustituía a una tía maestra en la Escuela Hostos y Escoto Santana fue secretario auxiliar de la Fiscalía y del Juzgado de Instrucción de la Primera Circunscripción.

“Fuimos muy buenos estudiantes y por vía de consecuencia buenos profesionales y buenos ciudadanos, con honrosas excepciones”, significa Abreu, taciturno, pero puntual y solidario, al extremo de haber salido del hospital, casi en estado grave, con un aparato controlando su corazón, tan sólo para decir presente en el encuentro conmemorativo. Radhamés Rodríguez Gómez es locuaz, Hernández Rueda, incisivo, Thomén, reflexivo.

“Nosotros fuimos la correa de transición de la dictadura al modernismo y hemos visto la decadencia de esta sociedad, esta degeneración mundial. Vivíamos en una dictadura férrea, asesina, ladrona, pero hemos caído en una democracia corrupta, cleptómana y en una degeneración de las costumbres”, expresó Thomén, respaldado por Abreu y por Lupo, más no por los demás que lo consideraron pesimista. “Las transiciones de un pueblo son más lentas, es todo un proceso, hay que irlo tamizando. Yo no estoy frustrado, tenemos que esperar para nuestros nietos el fruto de nuestro trabajo”, contradijo Rodríguez Gómez.

Pacíficos, revolucionarios, conciliadores, mansos, inquietos, belicosos, polémicos, todos los temperamentos están representados en esta promoción a la que identifica la unidad, el amor al trabajo constante, del que es ejemplo vivo Augusto Rafael Sosa Flavio, un ex atleta hoy inválido que va a los tribunales en silla de ruedas y ejerce con brillantez. “Contamos con elementos que fueron portaestandartes del patriotismo y de la dignidad dominicana. A ninguno se nos ha podido sindicar de un acto de deshonestidad”, expresaron.

Otros miembros de esa promoción son Claudio Isidro Acosta, Pericles Andujar, Arsenio Geraldo, Rafael Bergés Peral, Enrique Bonetti Herrera, Pompilio Bonilla Cuevas, Alejandro de la Cruz Brito Ventura, Constanza Casasnovas Garrido, Marino Vinicio Castillo, Bienvenido Díaz Castillo, José Américo Espinal Hued, Víctor Garrido Ramírez, Andrés Méndez Acosta, Rafael de Jesús Mirabal Rodríguez, Leo Nanita Cuello, Armando Antonio Ortiz, Héctor Antonio Quiñónez Martí, Altagracia Ramírez Duval, Carlos Manuel Ruiz Martínez, Avelina Soriano, Gloria Vargas y Hugo Vargas Suberví. Las cinco mujeres del grupo fueron aceptadas sin discriminación, afirmaron doña Daysi y doña Norma.

-¿Qué opinión tienen del cuestionado y combatido por unos y defendido y encomiado por otros doctor Marino Vinicio Castillo?- se les pregunta. “Es uno de los más notables en su área (Derecho Penal) que ha tenido el país en toda su historia. Como persona es leal. Es apasionado, vehemente, tiene un lenguaje brillante, una palabra extraordinaria. Es realmente un abogado fabuloso”, dijo Lupo y casi todos replicaron: “Es correcto”. “Aunque hemos militado siempre de frente”, agregó Radhamés Rodríguez.

“Por el mucho afecto, por la admiración que le tengo y por el convencimiento de su sapiencia, lo busqué cuando pasó la desgracia de mi esposo. Si me hubiera oído, ese crimen no estuviera en la impunidad. No pudo enfrentarse a eso que mantiene el asesinato de Gregorio García Castro impune. Él es bueno, leal, sincero, quizás tuvo sus motivos, nadie tiene vocación de mártir, el que se levanta contra el turbión sabe donde va”, comentó Daysi Frómeta, la viuda del periodista asesinado en los doce años de Balaguer, haciendo pública, por primera vez, la petición que aquella vez hizo al reputado jurista. “Es un dolor que no había dicho a nadie, ni a él, por delicadeza”, señaló.