Hípica Por Dentro. “CUIDADO CON LAS NARICES ROSADAS”

Luis Márquez

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Sin embargo, al mediodía del día siguiente cuando el sol estaba alto, el caballo volvió a tener los mismos síntomas. Esta vez fue peor; se echó, se revolcó contra la barda y se quedó tirado respirando pesadamente. Mientras que su propietario fue a llamar al veterinario su esposa se quedó con el caballo y decidió ensayar una última vez. Lo ató con su almartigón (cabezal), y lo animó, rogándole que se levantara. Parecía oír y finalmente hizo un gran esfuerzo para levantarse del suelo, tirando parte de la barda al hacerlo. Se paró enfrente de la caballeriza y se recargó en ella. Finalmente se le abrió la puerta para dejarlo entrar. En unos minutos estaba sudando por la piel, pero nuevamente el caballo obviamente se sentía mejor.
Llegó el veterinario y lo volvió a inyectar pero no dio ningún diagnóstico definitivo. Más tarde una enfermera registrada, pasó a verlo y echó una mirada a la caballeriza. Puede llamarlo como quieras dijo, “pero es un tipo de alergia”. Armada con conocimiento consultó sus “Notas Veterinarias para los Propietarios de caballos”, por M. Horace Haynes. Encontraron una descripción completa de lo que había pasado. Está enfermedad se llama nariz azul o fotosensibilidad. El caballo era alérgico a una planta de hoja ancha, probablemente hierba de San Juan que crecía a lo largo de la barda de la pradera. Esto combinado con la luz y sus propios esfuerzos.