Hipólito, ¿Consejero Económico?

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ANTONIO PEÑA MIRABAL
El ex-presidente de la república, agrónomo Hipólito Mejía, tiene el tupé de sugerirles medidas económicas al presente gobierno, como si su jefatura al frente de la administración pública hubiese sido ejemplar y digna de emular. El hombre que llevó la tasa del dólar a más de cincuenta pesos por un dólar, es el que quiere aconsejar a Leonel sobre lo que debe hacer.

El que produjo una inflación nunca antes vista, que llevó a bautizar los pasillos de los supermercados como “pasillos de las lamentaciones” y “casas del terror”, por el griterío de las amas de casas ante lo inalcanzable de los precios de los artículos de la canasta familiar, es el que quiere decirle a Leonel cómo debe dirigir los destinos económicos del país. El presidente que propició el déficit cuasi-fiscal del Banco Central, por el manejo irresponsable y torpe de la crisis bancaria desatada en el 2003, es el que ahora se quiere pintar como el consejero presidencial en asuntos económicos. Hipólito, que hizo que miles de dominicanos perdieran sus viviendas hipotecadas, porque sus genios económicos ni siquiera fueron capaces de garantizarle al país tasas de intereses razonables, es el que se atreve sugerirle a Leonel cómo manejar los asuntos económicos del país. ¡Por Dios, Hipólito, sea más responsable ante el pueblo, que ya le juzgó una vez y neo olvida los desastres de su gobierno!

Hay que ver en qué piensa el agrónomo Mejía, cuando aconseja al presidente Fernández ser cauto en el gasto público y “apretarse los cinturones”, cuando el país todavía no sabe a dónde fueron a parar los mil cien millones de dólares de bonos soberanos tomados en el pasado gobierno, ya que pocas cosas se pueden mostrar realizadas con dichos fondos. Un presidente que duplicó la deuda externa pública del país, no puede estar haciéndole llamados de frugalidad a las actuales autoridades, porque carece de autoridad moral para ello. Un presidente que utilizó una tarjeta de crédito bancaria (pepe-card) abierta, sin control, para sus gastos de viajes y otras cosas peores que han surgido en el juicio BANINTER, no puede estarle hablando al país como si hubiese sido el ejemplo en el control del gasto público. ¿O es que Hipólito piensa que ya el pueblo dominicano olvidó el caos que fue su gobierno en materia económica?

Si hoy se está hablando de una nueva reforma tributaria es porque el desorden que Hipólito dejó en la economía, todavía se expresa en algunas variables que necesitan ser saneadas. Quien convirtió una deuda privada de los bancos quebrados en deuda pública, fue Hipólito y no Leonel. Quien hizo el mal negocio de re-comprar a sobreprecio las distribuidoras eléctricas, creándole una deuda exorbitante al gobierno dominicano, fue Hipólito y no Leonel. Quien mal negoció los contratos eléctricos mediante el Acuerdo de Madrid, creando la pesada carga económica que estos representan, fue Hipólito y no Leonel. Quien rompió las negociaciones en dos ocasiones con el Fondo Monetario Internacional, para poder hacer el desastre que nos legó, fue Hipólito y no Leonel. Quien se convirtió en un ente de desconfianza para los inversionistas locales y extranjeros, produciendo la estampida de miles de millones de dólares, fue Hipólito y no Leonel. En fin, quien provocó que el presente gobierno tuviera que recurrir a tres reformas tributarias para empezar a enderezar el entuerto encontrado, fue Hipólito y no Leonel.

Cada vez que el ex-presidente Mejía se destapa con declaraciones estridentes, como las que acaba de hacer, obliga a que le recuerden todos sus desaciertos económicos al frente del gobierno. Si hay una materia en la que el gobierno pasado se achicharró, fue la de economía, por tanto es muy pretencioso el agrónomo Mejía cuando quiere dar orientaciones a las actuales autoridades, pero sobretodo, cuando pretende convertirse  en el principal crítico de las iniciativas económicas del gobierno. Mejía le haría un gran favor a Miguel Vargas y Milagros, (sus compañeros de partido que aspiran a la candidatura presidencial), si tomara un descanso en su casa veraniega de Jarabacoa, disfrutando su belleza, confort y comodidad, y alejándose del debate político-económico. Cada vez que él sale a la palestra pública queriéndose convertir en el principal portavoz de la oposición política, y en el mártir económico de su gobierno, Milagros y Miguel Vargas se atomizan, porque no hay forma de separarlos del funesto gobierno del PPH, ya que fueron prominentes funcionarios del mismo. Ellos dos debieran hacer un pacto con Mejía y comprometerle el silencio, porque mientras él más habla, ellos más bajan.