HISTORIA MILITAR
Academia Naval: monumento histórico

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El almirante César De Windt Lavandier,   maestro de vocación, dispuso en el año 1951 la creación de la organización Academia Naval con asiento en ciudad Trujillo, iniciando en el 1952 la construcción de un moderno edificio, localizado en Punta Torrecilla, Sans Soucí.

En esa época el grado de Contralmirante equivalía al de mayor general, es decir,  dos estrellas. Fue mediante la Ley 588 del año 1977 que se modificó la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas  por gestiones del entonces comodoro Francisco Rivera Caminero, argumentando que en los clubes náuticos  existía esa denominación de comodoro. Los comodoros  pasaron a ser contralmirantes

El 16 de agosto de 1953, el capitán de corbeta Luis Homero Lajara Burgos fue ascendido a contralmirante transitorio, mediante el decreto 9263 y confirmado en el rango con el de decreto 9844 del l 15 de abril 1954 sustituyendo al también contralmirante De Windt Lavandier en la Jefatura de Estado Mayor por éste último destacarse más de lo permitido en una dictadura como esa, por lo que se desató la ira del Generalisimo, al punto que dispuso medidas insólitas para debilitar el gran poder naval que paradójicamente él mismo auspició y consolidó, ordenando la cancelación de todos los alistados  con más de 3 faltas disciplinarias y, de los guardiamarinas así como la paralización de la construcción de la nueva edificación.

El mismo día de su puesta en  posesión el almirante Lajara Burgos preguntó sobre dos camiones de la institución repletos de alistados, en las cercanías del edificio de la jefatura, y quedó asombrado cuando se le informó que estaban a la espera de la cancelación por las razones precedentemente detalladas. El nuevo Jefe de Estado Mayor se dirigió al Palacio Nacional a entrevistarse con Trujillo, y al acceder al despacho le dijo: “Jefe, vine a verlo porque cuando usted me nombró en la jefatura de la Marina de Guerra me especificó que quería una institución profesional y efectiva para la defensa de nuestro mar territorial y costas, pero, dando de baja a sus efectivos de manera masiva y cancelando los guardiamarinas iban por un derrotero de debilidades que nos harían blanco fácil de invasiones vía marítimas”. en el 1949”. El llamado perínclito de San Cristóbal reaccionó con voz de trueno: “Comandante haga lo que usted crea pero no deje debilitar la Marina”. Acto seguido, Lajara se retiró satisfecho a la Base Naval  José Trujillo Valdez, donde ordenó la reintegración de alistados  y guardiamarinas.

Una de las primeras medidas de esa jefatura fue ordenar la terminación del edificio que alojaría la Academia Naval, trazándose como meta la inauguración el 24 de octubre de ese año de 1953.

Como paradoja esa visionaria iniciativa de Lajara, que en ese entonces tenía 34 años, de dar continuidad a la construcción de la Academia, se convirtió en el vil argumento de Trujillo y sus adláteres para en un Consejo de Guerra títere celebrado el 14 de diciembre de 1954 acusarlo de malversación de fondos; argumento que fue derrotado por el joven almirante, en estrado, donde se defendió sin usar abogados, logrando que se cambiara el calificativo por el adefesio jurídico de violación de la ley de presupuesto por supuestamente el Jefe de Estado Mayor excederse con deudas más allá del presupuesto asignado, a pesar de que las mismas fueron autorizadas directamente por Trujillo, para la finalización de construcciones, como el caso de la Academia Naval. Las memorias de la Marina de Guerra del año 1954 sólo señalan la primera  sentencia, donde se otorga el calificativo de malversación de fondos, y se degrada el contralmirante Luis Homero Lajara Burgos al grado de capitán de corbeta, violando la ley, obviando la sentencia final que limpia el honor de un noble oficial “embestido por la ira del tirano”, por destacarse, tener luz propia y no ser servil. 

El Jefe de Estado Mayor de la institución   naval cumplió su meta de inaugurar la Academia Naval el mismo 24 de octubre de 1953, siendo el primer recinto militar construido específicamente para  fines educativos a un costo de RD$250,000; con la presencia del secretario de Guerra, Marina y Aviación, teniente general Fausto E. Caamaño, E.N; el subsecretario, mayor general Leyba Pou, el Jefe de Estado Mayor del Ejército Nacional, general Ernesto Pérez, entre otras autoridades castrenses.

El edificio fue concebido con una arquitectura futurista que todavía, a pesar de  transcurrir más de medio siglo, se mantiene funcional.

En el borde de la costa se construyó un campo de tiro al blanco de pistola, con 12 carteles confeccionado con las características de este tipo de instalación.

Posterior a la inauguración, se procedió a la graduación de la Séptima promoción de guardiamarinas una fusión de todos los estudiantes navales cursantes, para reactivar el proceso de profesionalización,  ya que el nuevo Jefe de Estado Mayor quería no sólo utilizar nuevas instalaciones, sino reclutar jóvenes de estudios universitarios, para formar  una nueva oficialidad naval elite, que sirviera con efectividad en la defensa de nuestra soberanía y orden público

El solemne acto de graduación fue clausurado con una parada de batallón que ejecutó el marcial Batallón de Infantería de Marina creado en esa jefatura, comandado por el capitán de corbeta Jorge Leonidas Chen Contreras, asistido por su ayudante, el alférez de fragata Francisco Alberto Caamaño Deñó, hijo del secretario Caamaño, a quien el destino le tenía reservado un importante capítulo de nuestra historia.

Comandaba la primera compañía, el teniente de navío Andrés Jerónimo Sanz Torres, M. de G. Los tres pelotones de que constaba, estuvieron al mando de los alféreces de navío Enrique Rafael Valdez Vidaurre, que llegaría a ocupar la Jefatura de Estado Mayor; Eurípides Arriaga Bautista, y el alférez de fragata Vinicio Medrano Regalado.

La segunda compañía iba comandada por el teniente de navío Francisco Armando Coradín Benezari. Sus pelotones estaban al mando de los alféreces de navío Carlos Manuel de Jesús Espinosa Peynado y Germán Luna Mena, y el alférez de fragata Rafael Andrés Ignacio Suazo.

Por ser este edificio de la Academia Naval símbolo de la dinámica proactiva de una evolución académica buscando sepultar el empirismo en el arte de la guerra naval en la República Dominicana, donde se han forjado gran parte de los líderes que por mandato constitucional tienen el deber de ser centinelas de nuestro mar territorial y garantes del orden, preservando los gobiernos legalmente constituidos;  en estos 55 años de fundada que cumplirá este año, con el significativo precedente del decreto No.368-00, de fecha 08/08/2000, emitido por el actual presidente constitucional de la República, Leonel Fernández, donde se reconoce a esa Academia Naval de Estudios Superiores (ANES) con categoría de universidad. Según nuestra opinión, la Academia Naval de la Marina de Guerra, vicealmirante “César De Windt Lavandier,” como fue honrosamente designada en el año 2005, debe ser declarada “Monumento Histórico”.