Holguín critica los contrastes país entre riqueza y pobreza

Por FIOR GIL
El obispo de la Iglesia Episcopal Dominicana, Julio Holguín Khoury, criticó ayer la acumulación de bienes y riquezas y dijo que a pesar de que las estadísticas muestran un crecimiento en el Producto Bruto Interno de un 10% anual en el país casi un 50% de la población vive en la pobreza.

En un mensaje titulado “¿Después de Semana Santa qué haremos?”, el obispo de la Iglesia Episcopal, señala que hay maneras de proceder que entran en contradicción con el Señor y sus enseñanzas “aunque digamos que tenemos toda la fe del mundo en El y en Su palabra. Comenzando con las acciones que contribuyen a la contaminación del ambiente, los ríos, el aire y la deforestación. Pero también está el hecho de acumulación de bienes y riquezas, sin dar señales de solidaridad y compasión hacia los más necesitados”, subrayó.

Khoury señaló que este es un país de contrastes, pues las estadísticas muestran que hay un crecimiento del PBI de alrededor del 10% anual.  Sin embargo, es en este mismo país: la República Dominicana, en el que casi el 50% de su población vive en la pobreza y el 25% vive en estado de indigencia”.

Agregó que peor aún el 8% de nuestros niños, tienen problemas de crecimiento y de aprendizaje a causa de la desnutrición.  “Evidentemente que esta realidad debería tener más prioridad por parte del Estado Dominicano que la construcción del metro”.

Dijo que esta es una realidad que “nos cuestiona fuertemente a quienes nos llamamos cristianos y que nos desafía a que pensemos en el problema de la pobreza que padecen más de cuatro millones de nuestros ‘prójimos’, a quienes Cristo nos está dando la orden de amar como a nosotros mismos; y sería bueno que no nos quedemos sólo en el verbo ‘pensar´’, sino en el de ’actuar’, por amor a Dios y al prójimo, compartiendo con otros de lo poco o lo mucho que tenemos particularmente dando de comer al desnutrido”.

Sugirió dar apoyo a las escuelas en sus necesidades; contribuyendo a la prevención y la disminución de la delincuencia financiando organizaciones que trabajan con niños y jóvenes como los Scout, en los deportes y en otras actividades sanas para su formación hacia una buena ciudadanía y por lo tanto para la transformación de la sociedad dominicana en general.

Expresó que la Semana Santa es un tiempo en que los cristianos se identifican con Jesús en su dolor y sufrimiento en la cruz. “Pero es necesario tener el coraje de cargar con nuestra cruz cada día y seguirle, así podremos llegar a ser fieles discípulos suyos, sirviendo y amando a todos sin distinción de credo, raza, nacionalidad o clase social. Es eso lo que nos dará el derecho de llamarnos hijos e hijas de Dios”, enfatizo el ministro religioso.

Dijo que pensándolo bien, después de la Semana Santa debemos responder a la pregunta “¿Y ahora qué haremos?”.

Resaltó la necesidad de poner en práctica la fidelidad que es entendida como la exactitud en el cumplimiento de una promesa o compromiso y por lo tanto se encuentra relacionada con el concepto de la lealtad.

“Cuando hablamos de la fidelidad de Dios en relación con el ser humano, llegamos a la conclusión de que, entre otras cosas, le da la conciencia de que su vida tiene una meta, un sentido y una conexión interna. El ser humano descubre así que la vida va más allá de lo que podemos ver y tocar aquí y ahora”.

Dijo que no siempre el hombre y la mujer mantienen su fidelidad a Dios. “Tendemos a ser muy olvidadizos y a apartarnos del camino que Dios ha construido para que caminemos a través de él. Pero Dios sí mantiene su promesa de amar, de guiar y de recordarnos su lealtad”.

“Pero también es el mismo Dios que nos exhorta a rectificar cuando le fallamos.  Es decir, cuando decidimos seguir nuestra propia voluntad en lugar de la obediencia a la voluntad de Dios, creando con ello una situación que desnaturaliza la buena relación que debe mantenerse con El, con la creación y con las demás personas”.

El reverendo Holguín Khoury plantea en su mensaje que el amor de Dios siempre se mantiene a nuestro favor y cita a  San Juan en su primera carta, “si confesamos nuestros pecados, El que es fiel y justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad”.