Hora de corregir distorsiones

El Gobierno ha sido llamado a conducirse prontamente a la discusión de un pacto fiscal como oportunidad para conciliar intereses e incrementar sus ingresos. Además, para la generalidad de los ciudadanos que padecen la inequidad de los impuestos indirectos con su sello regresivo, el pacto debería resultar la vía hacia un cambio justiciero. Es tiempo de que el el grueso de las recaudaciones descanse en quienes perciben altas rentas y gran patrimonio. La cúspide de la pirámide económica está más lejos que cerca del alcance de los recaudadores. Abundan exenciones que en pocos casos estimulan el desarrollo y el empleo. Somos, además, un país de alta evasión por incumplimiento de objetivos del sector público. Debería lograrse que un pacto fiscal cambie el panorama.

Se trata de un reto en el que por igual tendrían que ceder terreno los intereses privados de mayor peso en el país y las propias autoridades, pues la concertación entre las partes obligaría al Estado a aceptar compromisos ineludibles de mayor transparencia y buen uso de lo recaudado. Esto supondría el fin de una cultura de fallarle al fisco desde la iniciativa privada, y de tener libertad para gastar desde el poder que algunos defenderían como gatos boca arriba. Pero algo más: las personas y razones sociales que se acogen a las reglas de juego y pagan impuestos regularmente aspirarían con razón a que la ancha franja de negocios informales pase a tributar a plenitud.

Un desagravio a los Veras

Entre el momento del brutal atentado al abogado y comentarista de Santiago Jordi Veras en el 2010 y la obtención hace dos días de una condena contra los supuestos autores que satisface a las víctimas, transcurrió un largo y dramático lapso de retardaciones y entorpecimientos en el marco de debilidades y vicios de áreas judiciales, obstáculos finalmente vencidos al menos en el resultado de la primera instancia.

Tenaz, en medio de la frustración y el dolor por daños irreparables, la familia Veras luchó hasta el final de esta parte del proceso, y seguirá esforzándose por la aplicación de las penas tras haber logrado lo esencial. Si este caso ha de quedar como un hito de triunfo resonante contra el crimen en la República Dominicana, aquellos que lo hicieron posible merecen reconocimiento, dando el mayor crédito por lo obtenido a los abogados Veras, padre e hijo, por no haber cejado en su reclamo de justicia.