Hora de unir voluntades

La sociedad dominicana arriba ostensiblemente a un nivel de la emergencia nacional suscitada por la covid-19 que coloca a gobernantes y gobernados ante un mayor desafío a su capacidad de neutralizar el avance de la enfermedad que es también un reto para la ciencia médica. El virus, de cifras crecientes pero moderadas hasta antier, es visto ya por las propias autoridades como riesgo de directa presencia en la comunidad. En compromiso consigo mismo y con la colectividad, el ciudadano debe acogerse sin excusas al marco de programas y acciones contra la pandemia reforzadas con disposiciones adicionales para acentuar sus efectos protectores.

Alejarse de aglomeraciones y de contactos cercanos son aspectos clave de esta cruzada de prevención. En la agenda oficial consta como prioridad habilitar más espacios con personal capacitado para un eventual crecimiento de las hospitalizaciones y cuarentenas al tiempo de abrir el sistema de salud a más opciones de laboratorio para el público. Providencias que eran reclamadas juiciosamente al Gobierno. Las inmovilizaciones de carácter colectivo que el momento reclama, algunas de claros, pero transitorios perjuicios, son el precio a pagar para la preservación de la salud y la vida a nivel comunitario. Es una consecuencia que llega a los desasosiegos y que el Estado debe empeñarse en mitigar a las capas sociales.

Que no falte de comer

El Estado dispone de medios, estrategias y experiencias que servirían para acentuar el consumo interno de los frutos del campo, incluyendo lácteos de producción nacional; y es evidente además que está en capacidad de apropiar fondos para lograrlo. El desplome de consumos alimentarios en los ámbitos turísticos con que repercute la pandemia de covid-19 tendería a generar excedentes que deben hallar mercados complementarios inmediatos en lo que el hacha va y viene. Coincide este mal episodio para la economía agropecuaria con la gruesa pérdida de empleos y medios de vida para multitudes de trabajadores de la formalidad e informalidad por la misma repercusión nefasta. Los planes oficiales de auxilio a personas afectadas deben hacer posible los encuentros bajo muchos techos de comida criolla con gente necesitada.