Horror y pánico en la carretera Duarte

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Todos conocemos de la inseguridad existente cuando se transita de noche por la carretera Duarte en su tramo Santo Domingo-Santiago, ya que se está expuesto a todo tipo de agresión por parte de los delincuentes que asaltan camiones, jeepetas, carros y hasta asesinan a los ocupantes de los mismos.

Las historias de cómo bandas armadas se encargan de asaltar patanas cargadas de mercancías y hasta de combustibles para despojar a sus dueños de las mismas, llenan las páginas de los diarios vías informaciones de los medios electrónicos.

Otra modalidad de asalto, que actualmente se utiliza menos, era aquel de las cercanías de Villa Altagracia para asaltar a los automóviles mediante la colocación de obstáculos en la vía o tirándoles piedras para romperles los vidrios, obligando a los conductores a detenerse, o volcarse para entonces agredirlos y robarles todas sus pertenencias en el mejor de los casos; en el peor es matarlos.

Es muy conocida la acción vandálica cuando ocurren accidentes en que los vecinos del lugar del suceso, antes de socorrer a los heridos, proceden a despojarlos de sus pertenencias y hasta los asesinan para que luego no puedan identificarlos sin proporcionar ninguna ayuda y los dejan abandonados.

Ahora hay una nueva modalidad, mucho más peligrosa, mediante la cual los delincuentes utilizan un aparataje de película con toda clase armas y vehículos. Apostados en la vía, cerca del peaje, o del desvío de La Cumbre o en el estacionamiento de alguno de los paradores, identifican a las potenciales víctimas que estén utilizando jeepetas de lujo y van solas o en pareja.

El operativo de asalto se inicia cuando en un vehículo, los asaltantes se colocan delante al de la víctima, obligándolo a reducir la velocidad, al tiempo que el segundo vehículo de los asaltantes se coloca paralelamente a la víctima, llevándolo hasta el paseo, de esa manera proceder al despojo o al secuestro. Lo menos malo del asalto es cuando los asaltantes desmontan a las víctimas y los dejan abandonados.

Pero el calvario se inicia, si se deciden los asaltantes alejarse del lugar, con las víctimas secuestradas, y éstas aterrorizadas, esperando un desenlace fatal, ya que son amenazados con la muerte si se mueven o miran a los plagiarios. Resultan agraciados los asaltados si tan solo los abandonan en algún lugar desolado para que desde ahí puedan llegar a pedir ayuda y comunicarse, si es que le dejan el celular, con sus familiares.

Esta modalidad de asalto ocasiona severos traumas sicológicos a las víctimas, en especial a la compañera del dueño de la jeepeta, que en ese breve cautiverio queda afectada en sus condiciones anímicas con consecuencias imprevisibles para su salud mental, requiriendo ayuda profesional especializada.

Cuando se trata de jeepetas de lujo por lo general ya tienen los ladrones algún comprador, le cambian el color y obtienen matrícula falsa que le permite evadir a la Policía, pero en el peor de los casos el vehículo se traslada a Haití, o es desguazado para venderlos por piezas, como ha descubierto recientemente la Policía, desmantelando muchas tiendas de repuestos, así como ‘dealers’ no muy honestos vendiendo vehículos robados.