Hostos: Jesús, Iglesia y sacerdocio

Sin necesidad de debate, adentrarnos en la persona y el pensamiento de Eugenio María de Hostos sobre Jesús, la Iglesia y el sacerdocio nos dará conocimiento de su persona e ideas y perspectiva en el tiempo.

Conocemos de su artículo recomendando al padre Fernando Arturo de Meriño para rector del Instituto Profesional. Sabemos de sus crónicas de viaje al sur en los cuales reconocía la buena labor social realizada por los párrocos de San Cristóbal y Baní. Y su carta a propósito del fallecimiento del padre Francisco Javier Billini en la cual lo pondera como hombre del deber pero lamenta su dependencia de exterioridades.

Aunque aceptaba que sacerdocio es sacrificio y el número de los sacrificados es poco, consideraba que sacerdocio es también “sacer” que etimológicamente quiere decir “hombre de dos caras, de dos filos: por una cara, sacer es sagrado; por otra cara, maldito, malvado, pernicioso.

La cara más común es la mala cara.” Y además planteaba la necesidad de que los sacerdotes fueran beneficiados por “la crítica religiosa, rama fecunda de la ciencia crítica que es absolutamente ignorada en la sociedad de un solo culto.”

En las clases de moral social Hostos expuso sus ideas básicas sobre la religión católica. Presentaba un plan de cinco puntos. 1) La supresión del poder temporal del papado. 2) La separación iglesia-estado. 3) La escuela laica. 4) Resolver por medio del derecho común el problema del celibato de los sacerdotes. 5) Abandonado el poder espiritual, el jefe de la iglesia católica asumiría el poder espiritual de su pueblo que favorecería las reformas que pondrían al catolicismo al nivel de la civilización y prepararían un orden moral no impuesto.

De esta manera no se aniquilarían, aunque se pudieran, los millones de católicos existentes, sino que se crearía una religión activa y progresiva superior en moralidad pública y privada como la protestante. Esta sería la adveniente edad de oro del catolicismo.

Pero, hay que tener presente que la crítica del clero y a las religiones de revelación, no le empecía afirmar la necesidad de la religión. En su “Tratado de Moral” sintetizaba que “las religiones son inmortales, dicho esto no con el sentido vano y tonto en que se suele emplear la palabra, dándole alcance metafísico o poético, sino sentido histórico y humano: son inmortales no porque sean revelación, pues entonces ninguna sería falsa y todas serían verdaderas, sino porque son una de las construcciones de la actividad general del ser humano por todos los momentos de su tránsito por el tiempo y el espacio.”

Era una religión de carácter filosófico, humanitaria, al estilo de la de los jacobinos franceses que entronaron a la diosa razón en el altar de la catedral de Notre Dame de París. Y también de la propuesta de Augusto Comte. (1798-1857) en su “Catecismo Positivista. Exposición sumaria de la religión universal” (1852).

Hostos, a la luz del pensamiento de la entonces famosa “Vida de Cristo”

( primera edición en 1863) de Ernest Renán (1823-1892) que presentaba un Jesús humano que nunca pensó ser la encarnación de Dios, aceptaba al Jesús histórico, su misión de bien y de verdad, su coherencia de vida hasta la consecuencia de la cruz.

No debemos dejar de mencionar la apreciación que tenía Hostos por la religión protestante que consideraba más evolucionada que el catolicismo. En su opinión era más tolerante y afín al desarrollo científico y por lo tanto más compatible con el progreso.

La arquitectura del pensamiento de Hostos radicaba en su concepto de razón, de deber y de moral. Fiel al pensamiento ilustrado de Enmanuel Kant ( 1724-1804 ) , en su libro “Moral Social”, parte por afirmar que “el hombre es ya adulto de razón”. La razón es el sujeto del conocimiento y la naturaleza su objeto, de la unión de uno y otro se alcanza la verdad. Como motto postula “dadme la verdad, y os doy el mundo.” Mundo de las organizaciones materiales, ideas, afectos, trabajo, libertad y del progreso. La razón es el centro del mundo que ella contempla. Entre la razón y los instintos se dan conflictos a ser salvados por el deber de la moral. Dice textualmente “La moral no se funda más que en el reconocimiento del deber de la razón; y la virtud no es más ni menos que el cumplimiento de un deber en cada uno de los conflictos que sobreviven de continuo entre la razón y los instintos.”

A esto imprimió Hostos una dimensión mística. Hombre dado a la reflexión, a la meditación. Hay una tradición –me la contó Vetilio Alfau Durán- sobre su tendencia a recluirse en los rincones recoletos de las iglesias, en concreto ante el llamado Cristo de Bastidas de la Catedral.

Si no podemos demostrar documentalmente esa tradición, su artículo “Meditando” de 1881 no es sólo crítica a los sermones de los sacerdotes y al comportamiento de los feligreses un Viernes Santo, sino testimonio de su tendencia a meditar en la mismeidad de la conciencia, en la intimidad del corazón y en lo recogido de los espacios eclesiales a una conciencia encaminada al bien, una razón que se deleita en la verdad y la justicia, por todas las formas de sentimiento religioso, como Cristo.

Cristo que sudó sangre, padeció y murió mucho antes de estar en la cruz como mueren todos los que luchan por el bien. Termina diciendo que “Jesús es el símbolo más vivo de la naturaleza moral del ser humano.”