Hoy con Cristo

http://hoy.com.do/image/article/421/460x390/0/A8B9D017-FAEC-47D6-A71D-215465EE95E8.jpeg

“La blanda respuesta quita la ira” (Proverbios 15:1).
La mansedumbre no siempre está en operación, pero siempre está dispuesta a hacerlo si se lo permitimos. Cuando somos injuriados u ofendidos nos sentimos amenazados y el instinto natural nos pone en pie de guerra;  en ese momento, cuando la ira inflama los sentimientos de venganza,  la mansedumbre  inicia su trabajo: su obra inicial es deliberar.

Deliberar. Tan pronto como somos ofendidos, nuestro mecanismo de defensa se incorpora, pues hemos sido atacados, pero la mansedumbre indica que no es tiempo de manifestar nuestro disgusto, sino madurar el asunto y estudiarlo. Esto así, porque el propósito final de la redención en Cristo es honrarnos, devolvernos la gloria como seres hechos a Su imagen, y en este sentido mantener la razón en su trono regulador en uno, por eso nos manda a deliberar o pensar bien para que los sentimientos no nublen nuestra mente y el sano juicio no sea enturbiado. Que la provocación no nos haga como animales irracionales, y -como seres humanos- podamos ver las cosas en sus  colores. Cuando el toro ve un paño rojo, su reacción es atacar. En su caso es entendible, porque carece de razón, peor hay personas que en ocasiones reaccionan como  toros de lidia. La mansedumbre nos pone a deliberar para evitar reacciones así. Manteniendo el buen juicio se determina si es o no una amenaza, además de  cómo y cuándo defendernos. El ejemplo del Señor Jesús nos indica que debemos deliberar antes de manifestar: “Entonces Jesús, al verla llorando y al ver a los judíos que habían venido junto con ella también llorando, se conmovió en espíritu y se turbó” (Jn 11:33). Consideró a los otros, deliberó y vio que era propio conmoverse. En el caso de las provocaciones, las cosas van correctas en el alma cuando no dejamos que la amargura gobierne los sentimientos. La mansedumbre no elimina el resentimiento,  pero no deja que la amargura entre  para que la mente no sea molestada en su deliberación. Amén.