Hoy con Cristo

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PASTOR OSCAR AROCHA
“Para que así como el pecado reinó para muerte, así también la Gracia reine por la justicia para vida eterna, por medio de Jesucristo nuestro Señor” (Ro.5:21).

La Gracia es la reina, Dios la hizo para reinar, de modo que donde ella habite, por necesidad gobierna, no acepta menos que eso. El amor es la evidencia más segura de poseer la Gracia salvífica: La Gracia del amor. Este amor es la suma de toda Gracia y virtud, de modo que si alguien tiene amor Cristiano, puede estar completamente seguro que la Gracia y el poder de Dios mora en él, y para tal persona será obligado practicar la santidad. Por la simple razón de que la Gracia de Dios no es un mero concepto mental como una idea o una palabra en el intelecto, sino que es un principio espiritual activo que gobierna y dirige la vida de las personas que han nacido de nuevo.

Un estudio elemental sobre el principio de la Gracia, enseñará que la tendencia de toda Gracia cristiana es la práctica, porque la Gracia se asienta; es el centro de la voluntad de la persona. De modo que si la Gracia está allí, resulta obligado la práctica o ejecución de sus mandatos. Todo lo que el hombre hace, primero lo desea, luego la voluntad es puesta en movimiento. La práctica de un hombre es lo que él hace libre y voluntariamente, no forzado, es allí donde la voluntad actúa. Este hombre ora y habla con Dios a solas, hace el bien sin buscar que lo vean. Él obedece a Dios estando en presencia o ausencia de otros. Si alguien se propone teñir de rojo las aguas de un río, debe hacerlo en la cabecera, donde nace el río, y de seguro que todas las aguas serán enrojecidas. La Gracia tiende a la práctica de la santidad. El regocijo de la Gracia es la verdad, su placer es el progreso del evangelio, aunque el mismo sea menguado, o dejado atrás. “No se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad”; eso hace el amor. Haz, pues, eso mismo. Amén.