Hoy con Cristo

Pastor  Oscar Arocha
parocha@ibgracia.org
“Oh Jehová, si tienes presente los pecados, ¿quién podrá, oh Señor,mantenerse en pie?” (Salmo 130:3).

Este texto enseña que Dios tiene un tribunal de justicia. Si Dios nos examina según su justicia, nadie podría permanecer de pie.

La prueba: David, un rey, un profeta, un hombre según el corazón de Dios, amado de su pueblo, maravillosamente bendecido, y aun así atribulado de su pecado, no podía estar en pie, estaba tumbado, amargado, consciente de su debilidad y profunda necesidad. Pero como en Dios hay misericordia el salmista apela a la ventanilla de Su Gracia, la cual está abierta para todos los pecadores.

La palabra perdón supone por lo menos una falta, se asume que ha habido pecado, y el pecado significa, que la ley ha sido violada. De manera que, robar, mentir y matar es pecado, como también codiciar lo ajeno. Cometer el mal es un acto transitorio, y sus placeres se desvanecen, pero la culpa permanece en los registros de la conciencia, a menos que Dios la perdone; eso es lo que expresa el profeta cuando dice: “El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón.” (Jer.17:1); esto es, que cuando los libros de la conciencia de cada hombre sean abiertos en el día del Juicio Final, todos y cada unos de los pecados serán descubiertos, y lo que estuvo tapado con el polvo del tiempo, será visto delante de los ojos de cada uno para vergüenza y confusión perpetua.

 Ese sentido de vergüenza que experimentamos cuando nuestras faltas son puestas al descubierto, será traído al corazón por el juicio de Dios, y nunca más se apagarña ni disminuirá. Cuán miserable es la vida de un hombre cuyos pecados no han sido perdonados.

En nuestro contexto es absoluto cuando se proclama: “Pero en ti hay perdón” (Sal.130:4), no creo que haya un “pero” mejor colocado que el que está en dicho texto, qué hermoso y dulce es ese “pero”.

Es certísimo e innegable que somos pecadores, que nuestras conciencias están contaminadas de tanta culpas, pero en Dios hay perdón. Amén