Hoy con Cristo

POR PASTOR OSCAR AROCHA
“Confía en Jehová, y haz el bien; Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Jehová, Y Él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en Él; y Él harᔠ(Salmos 37:3-5)

Cuando una persona planea un negocio su razón le inclina a cierta área de comercio donde le parece obtener buenos beneficios. Así el hombre creyente, la fe le guía a que las reglas de vida dadas por Cristo le han de llevar a los gozos más excelentes. Miremos el salmo: “Confía en Jehová, y haz el bien… Deléitate asimismo en Jehová… Encomienda a Jehová tu camino…” (v3-5). Cada verso puede ser resumido con tres palabras: Fe, obediencia y deleite. La raíz del deleite es una santa motivación.

Entonces los tesoros celestiales no pueden ser disfrutados si se carece de amor a Dios o una santa motivación, o lo que comúnmente llamamos fe, por necesidad este amor ha de llevarnos a buenas obras, o que el amor a Cristo no puede ser separado de la senda de los deberes cristianos. Cuando el corazón es motivado así Dios es disfrutado en tanto le obedecemos: “Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en Él; y Él hará”. Esta fruta llamada deleite tiene por ubicación el suelo del Reino de Cristo, y para entrar a ese reino, el cual es invisible, no es de este mundo, es necesario la fe como ojos, y la obediencia como pies para llegarle a comer. Para disfrutar el automóvil hay que andar en la dirección del auto. Deleitarse en Dios es amándole y guardando Su Palabra. Amor y placer son inseparables.

Para que un hombre y una mujer disfruten ha de haber amor, porque el amor es una gracia de unión, y tocante a Dios el apóstol lo dice así: “Este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1Jn.5:3). El amor a Dios, o la obediencia, que es lo mismo, es lo que abre el chorro del deleite divino.  Jacob trabajó siete años para deleitarse con su mujer Raquel, y lo hizo por amor, del mismo modo el amor a Dios abre el deleite. El Señor es nuestro benefactor, y sus beneficios son disfrutados en la senda de los deberes en amor de Su Reino.  Amén.