Hoy con Cristo

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“Mas yo esperaré siempre, y te alabaré más y más” (Salmos 71:14).

La sangre que corre por los cuerpos que son del cielo es la del amor,  la alabanza y la bendición; esa es la obra más cerca de esos  corazones.

Su voluntad es que nos deleitemos en Él, porque ha puesto como un deber lo que es la médula de nuestra felicidad aquí y por la eternidad.

El hecho de que nos haya dado entendimiento para comprender correctamente Su Palabra, es signo de su favor.

En ella nos instruye sobre la manera de hacerlo, cómo pedirlo y cómo evitar la falsedad y común peligro contra este tan grande y excelente don, el gozarnos en el Señor siempre.

Recordemos que es posible experimentar deleite en la verdadera religión y al mismo tiempo no ser transformado a la imagen de Cristo, lo cual es el propósito final del Evangelio. Pregunta: ¿Qué Dios le comunica al creyente que le hace deleitar? Respuesta: Le comunica Su propia vida o una imagen de Sí mismo. No una simple idea de Su Ser, sino una semejanza viva comunicada a la mente y formada allí. No una representación, sino una imagen real, operativa, penetrante, eficaz, que produce una impresión en el corazón, y poder transformador del alma, siendo el Evangelio o el andar en las reglas de Dios, el instrumento para formar esa imagen en el creyente.

Como dijo Lloyd-Jones: Un cristiano es alguien que conoce a Dios y quiere ser como Dios.

Entonces alguno sabrá si está en la religión verdadera si le es deleitosa para sí mismo, o lo que es lo mismo, si influye vitalmente sobre su corazón y conducta.

 Que cantemos de corazón sincero como el salmista: “Aleluya. Alabad a Jehová, porque él es bueno; Porque para siempre es su misericordia.” Amén.