Hoy con Cristo
El egoísta es duro con el otro

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Este versículo revela el sentir común de la gente, y el objeto único del verdadero Cristiano, confiar sólo en Dios. Es ciertísimo que unos confían en su dinero, otros en los médicos; unos en las medicinas; otros en su sabiduría; unos en la tecnología; otros en los avances científicos. Nosotros, por Su Gracia, confiemos sólo en Dios.

Es normal que los hombres estén enamorados de su propia bondad, hasta el gran apóstol Pablo tuvo tal peligro en su alma, se creyó un excelente santo, y fue necesario que el Cielo le mandase un aguijón. Estamos inclinados a festejar nuestra imaginación, no con las buenas obras ajenas, sino con las nuestras; de continuo esperando el aplauso ajeno. Nos molestamos sin razón si los demás no nos saludan como suponemos deben hacerlo. Es un exceso de amor al Yo cuando somos tardos para pagar las deudas con el prójimo, y rápidos para cobrar. Si pasamos varias semanas sin reunirnos en la Iglesia, nos quejamos de que nadie  nos llamó, pero no pensamos que como cristianos tenemos una deuda de amor al prójimo. Esa es nuestra triste realidad: cobramos rápido, y pagamos con lentitud. A un corazón así le será difícil confiar en Dios y Sus promesas. El egoísta es duro con el otro, suave consigo mismo.

El egoísmo es un juez ciego y parcializado; en cambio el amor verdadero es diferente, severo consigo mismo y compasivo con las faltas ajenas. Pedro cayó en un exceso de auto confianza, pues le dijo a Cristo: “Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.” (Mat.26:35). Esto es lo que llamaríamos un hombre lleno de sí mismo, ni las Palabras de Cristo le hicieron cambiar de mente, ya que le pareció que su Gracia presente era suficiente para darle poder, olvidando que se necesita un suministro continuo de Gracia. Mientras más nos conocemos, y a Dios, menos confiaremos en sí mismos.