Hoy con Cristo
Erradica el mal de las codicias desde la raíz

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El mensaje de este texto puede  ser resumido así: las deliberaciones y debates del alma revelan su propio carácter. Si tú has de erradicar este mal de las codicias necias y ruinosas, ocúpate de hacerlo contra su raíz: la desconfianza y el descontento. Quizás piensas que  no puedes hacer el bien a otros a menos que poseas muchos bienes materiales, porque es tanto lo que necesitas para ti, que es necesario tener mucho  para poder compartir con  otro, pero eso sería  desconfianza de la providencia divina.

Pregunta: ¿Cómo curarnos de este mal? Confiando en la promesas de Dios: “Echad sobre Él toda vuestra ansiedad, porque Él tiene cuidado de vosotros”. (1 Pedro 5:7). Para curarte solo necesitas observar el curso habitual de la providencia de Dios,  en especial con aquellos con quienes el Creador ha hecho pacto por medio de Cristo. Tal es el argumento que usa Jesús: Dios provee para los cuervos y viste con hermosura los lirios del campo. ¿Será Él más favorable a una hierba que a uno de sus hijos? Modera, pues, tus deseos y de seguro que el Señor no te fallará: “Mejor lo poco con justicia que gran abundancia sin derecho”. (Pro.16:8).

Medita en la vanidad de las cosas de este mundo; son más espuma que chocolate. Ninguna te puede dar verdadero gozo, ni paz de conciencia, ni seguridad contra los males futuros. ¿Estarás turbado con cosas vanas? Si no puedes evitar el crecimiento de tus malos deseos, he aquí lo que siempre ha de ser tu deseo, procurar amar a Dios más que las criaturas, y poner guarda sobre tu mente, teniendo en cuenta que: “El avaro maquina pensamientos para enredar. Mas el generoso pensará generosidades”. Tú, pues, que profesas ser un hijo de Dios, cultiva una santa codicia por los dones y las gracias del Espíritu. Amén.