Hoy con Cristo
Necesitamos tener y cultivar la amistad

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Para nadie es un secreto que vivimos en  una generación donde la pecaminosidad ha llegado a niveles escandalosos, de desenfreno; hay mucha maldad oculta y manifiesta. Eso coloca al hombre en una situación de peligro contra su fe. Así que, no estamos exentos de ser contagiados con el mal del mundo. Cuando eso  sucede no significa que la ley de Dios ha sido cambiada, sino que la mundanalidad puede afectar nuestro buen juicio.

Si abunda la maldad el pecado es corriente, menos odioso, y el amor se enfría. Una de las áreas afectadas es la amistad. Mire este caso: “El que reprende al hombre, hallará después mayor gracia que el que lisonjea con la lengua.”  Habla de la amistad entre dos personas, y que esta puede ser fingida o verdadera. Leo el verso: “El que lisonjea con la lengua.” Somos criaturas sociales y necesitamos no sólo tener amistad, sino también cultivarla. En eso este hombre ha hecho bien, su falla fue en cómo lo hizo, se valió de la lisonja.  La lisonja es el conjunto de palabras para adular al amigo, y es mala, ya que por ella se le lleva a ignorar su realidad. Lo hundimos en tinieblas, y allí toma decisiones injustas, contrarias al bien de su alma.

Es, pues, mejor la reprensión sana, que la lisonja. Si no reprendes a tu hermano cuando fuese necesario, tu amor sería deficiente y tu fe cuestionada. Una de la causas por lo cual tú no amonestas a tu hermano es, porque te parece que perderías su amistad, y estás en lo cierto, es posible que la pierdas por un tiempo, pero si el otro ama a Cristo, de seguro que volverá a ti, y lo que te pareció pérdida vendrá con el pago del principal y los intereses. Ten presente que los que confían en Jehová no serán avergonzados para siempre, talvez por un tiempo, pero no más. Amén.