Hoy con Cristo
Somos extranjeros en este mundo

En una tierra donde somos peregrinos, no esperemos vivir como los que aman o son naturales de esa tierra. Los moradores de este mundo aman las facilidades y la prosperidad terrenal de aquí abajo, porque eso es lo que ellos anhelan, pero si tú eres hijo de Dios no debes olvidar nunca tu condición de peregrino, tú estás aquí de paso hacia la patria celestial, no te extrañes, pues, que los hombres mundanos vivan con mucho más facilidad que tú, porque no eres de aquí, sino de arriba, los que han nacido de Dios son de Dios y hacia Dios se dirigen o van.

Esfuérzate, pues a mantener la mente consciente de tu condición, y no aspires  a vivir como viven los incrédulos, en cambio sea tu corazón como el de David: “Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; ni anduve en grandezas, ni en cosas demasiado sublimes para mí” (Sal.131:1).

Hay una íntima conexión entre el corazón y los ojos, y tú mirarás hacia donde esté inclinada tu alma, por eso cuídala para que no se envanezca con las cosas de este mundo y todo lo demás estará cuidado. Cuán hermosa es la humildad de corazón, imitemos eso en la piedad, modestia, y sencillez  de los hijos de Dios. Los peregrinos y todos los que dicen ser Cristianos profesan serlo, pues la mortalidad del cuerpo y la inmortalidad del alma así lo confirma, que somos extranjeros en este mundo.

El extranjero no sólo mira en su corazón el lugar donde pertenece, sino que también orienta sus pasos hacia su patria: “Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la porvenir” (He.13:14). Esto es, que la vida del Cristiano se resume en buscar otro mundo. Esta actitud de corazón puede ser vista sin mucha dificultad al leer la vida de los patriarcas, y esa sea la tuya también. Esta época de un materialismo desenfrenado es un tiempo muy adecuado para practicar la moderación de los peregrinos que van hacia la patria celestial. Amén