Hoy, igual que ayer: “Crisis moral y crisis económica”

Hoy, igual que ayer: “Crisis moral y crisis económica”

Luis Scheker Ortiz

Se me presentó de repente frente a mi cama. Vino a verme. Lucía tranquilo, sonriente, tal cual fuera siempre, pero su frente revelaba una huella profunda de preocupación. Es natural, me dije: nadie con alma de poeta desciende de lo infinito y se presenta a los suyos si no tiene una visión premonitoria, una angustia que le obligue. Me miró fijamente y, sin decir palabra, deja caer un breve escrito que el tiempo no ha corroído y simplemente reproduzco como un susurro que el viento recoge y esparce para que todos tomen conciencia y la indiferencia o el temor de muchos no escape a su llamado.
“Estamos atravesando la época triste de la decadencia de la palabra. Se ha abusado tanto de ella y de tal forma que ya nadie cree en su valor. En todos los aspectos de la vida en lo social, en lo político, en lo económico, en los asuntos privados, la palabra ha sido encarnecida, vilipendiada. El mundo discute con furor, con energía, casi con desesperación, el problema económico porque sabe que de él depende su existencia, más o menos feliz; el mundo ve en la solución de ese problema la muerte del hambre, de la necesidad, de que el hombre sea tigre perenne ,y ahora mismo, aferrado como tabla de salvación, plenipotenciarios de las naciones se empeñan en buscar el remedio a ese mal, a esa terrible enfermedad de la que no escapan ni los sanos de cuerpos ni los sanos de espíritu. En la estabilización de la moneda, en su no depreciación, en el balanceo fiel de entre la producción y la demanda, ven todos la llave maestra del desosiego universal. Todos piensan, todos hablan, todos discuten la crisis economía. Nadie, en cambio, ni habla ni piensa, ni discute, la crisis moral.”
“Y es lógico: en todas las edades el oro ha sido corruptor; la lucha por el oro ha sido causa de que la sangre manchara muchas manos, de que muchas conciencias, alejándose de la justicia humana y divina, se ennegrecieran a fuerza de maldad y perversión. Y ahora cuando el esfuerzo por establecer la paz mundial van todas las miradas hacia el oro que todo lo puede, es natural que una conmoción sacuda los espíritus. Los intereses creados y el porvenir de cada cual fomentan el egoísmo. Por ley natural surge el conflicto y nadie quiere dejarse abatir. El negocio es el negocio. Lógico es, pues, que al tratarse de cuestiones económicas nadie recuerde la moral.
“De ahí que se pongan en juego todas las artimañas. El fin es triunfar y la elección de las armas no tiene importancia. El interés mezquino no conoce obstáculo. Y natural es que hasta la palabra, la pobre palabra que en otros tiempos fue símbolo de sinceridad y de limpia conciencia, sea una víctima más entre tantas otras como han caído en este cataclismo de amoralidad y desvergüenza…”. Hoy, igual que ayer, más de lo mismo.

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