Hoy te evoco en el alba

RUBÉN ECHAVARRÍA 
Gentil representante de Verizon, apreciada muchacha que aun hablando en voz baja, se te escucha y entiende. Hoy quiero agradecer tus atenciones, tu trato y tu destreza al resolver problemas, porque sin dudas eres solución inmediata, una pregunta y hasta tres respuestas. Por si ya no recuerdas, fui yo quien advirtió, luego de aquel justo reclamo en mi contrato, los armoniosos tonos de tu voz diferente.

Quien, además, sostuvo que cuando tú musitas, o hablas, o gorjeas, en especial facturas y recibos, se oyen fechas, sonidos, códigos, cifras, claves, que sólo otros comprenden: OPOP, IDPLAN, ITBIS y OTROS CARGOS.

Pero tú muchacha de Verizon, núbil sacerdotisa de una alquimia moderna, transformas al instante la ira que reclama en sensatez que cede, la derrota en victoria. Y siempre en voz muy queda, con una madurez de gente grande.

Tan bajito tú hablas, jovencita en Verizon, que ignoro, en ocasiones, si te encuentras hablando o pensando en voz alta.

Pero pienses o hables, tu voz, más que una voz, es refugio y es meta; el último recurso de unos seres humanos que hoy apodan usuarios.

Aunque, a veces, sospecho que tu voz es llovizna que fabrica la empresa para aplacar clientes, o lluvia salvadora que Dios puso en la tierra, contigo a la cabeza, por piedad a los hombres.

Pero llovizna o lluvia, tú sigues construyendo respuestas, como construyen sueños los poetas y palacios los reyes.

¡Porque hoy, muchachita Verizon, tan joven y juiciosa, te pareces al alba hablándole a la tarde!