Hugo Chávez y la diplomacia

UBI RIVAS
El presidente Hugo Chávez, de Venezuela o lo que él ha bautizado como la República Bolivaria de Venezuela, sostiene una confrontación asaz agria con los Estados Unidos, vale decir, con el presidente George Bush jr. que no es nada fácil. No es nada fácil el presidente Bush jr. porque conduce su accionar y/o siquis, la soberbia y el avasallamiento muy sui generis no solamente de los norteamericanos de Estados Unidos, porque también los mexicanos y canadienses son norteamericanos por determinismo geográfico, sino la de los texanos.

Los texanos que liderados por Sam Houston, en 1836, batieron a los mexicanos en la batalla de San Jacinto el 21 de abril de ese año, proclamaron la República de Texas, que luego, en 1844, año de nuestra independencia, el presidente John Tyler, anexó a los Estados Unidos, han demostrado desde entonces una manifiesta actitud y/o sicosis de superioridad sobre todos sus conciudadanos y también los que no lo son.

Son los casos de Lyndon B. Johnson, el gobernante que ordenó la segunda intervención de Estados Unidos contra nuestro país el 28-04-65 y los presidentes Bush padre e hijo.

Son esos los motivos poderosos y determinativos que deben guiar tanto la retórica como la actitud del presidente Chávez y reflexionando, adentrarse en los meandros de la siquis de Bush jr., algo elemental para obtener logros y objetivos con alguien.

Conducir el tema de solicitud de extradición, vigente entre los dos países desde 1922, por las vías que la diplomacia estatuye, y así otros temas de confrontación, sin pronunciar algazara ni mucho menos amenazas, que con los vecinos ni los países más poderosos se pelea, porque los pleitos se echan para ganarlos no para perderlos y pelear con los Estados Unidos, la superpotencia unipolar y unilateral que domina la aldea planetaria, ciertamente no parece ser la mejor de las opciones.

El presidente Chávez debe cambiar a sus consejeros, alejarlos de su lado, y procurar otros más comedidos y realistas, que lo conduzcan a superar las graves disenciones que hoy confronta con su homónimo Bush jr. y conseguir de éste lo más que persigue en cada caso, anulando la estridencia, la vocinglería, el aguaje y la fanfarronería que es tan consubtancial en la siquis latina y que tan pocos y magors logors reditús, todo lo contrario.

El presidente Chávez no ha podido sucumbir ante los ataques cerrados de la oligarquía y politiqueros corruptos que se arracimaron por más de medio siglo en la conchupancia del acuerdo de Punto Fijo donde adecos y copeyanos se repartieron las riquezas que fueron el resultado de los sacrificios luminosos de Simón Bolívar, porque el pueblo lo ha respaldado graníticamente en cada consulta electoral.

Pero el presidente Chávez debe entender como hombre inteligente que indudablemente es aunque motorizado por las emociones que lo conducen a errar, tropezar con la misma piedra como entona Julio Iglesias, y autoboicotearse así mismo porque falla al encausar sus propósitos por la senda correcta, que no escaló el poder aupado por una revolución, sino por los votos. Falla porque lo gobierna el emotivismo, algo prohibido cuando se conduce el destino nacional de un país, y falla porque no acierta a dimensionar la inmensidad aplastante de su archi-adversario, que debe trocar en su más firme aliado.

Cuando Napoleón Bonaparte comprendió que ante la inminencia de una guerra con Inglaterra que a la postre le costó el poder y la vida era imposible retener la Louisina, la vendió a Estados Unidos, una táctica asida a la realidad. Porque la práxis debe prevalecer sobre el emotivismo.