Identidad persistente IX

Federico  Henríquez Gratereaux

Ideología es para los marxistas sinónimo de falsa conciencia; ideología es un discurso de ocultamiento; un recurso mediante el cual las clases superiores ocultan la realidad de su dominación, justificándola con argumentos de “hermoso aspecto”. Para Max Weber la ideología es un sistema de “legitimación institucional”; la autoridad política no puede ser ejercida en todo momento por medio de la violencia; necesita de instrumentos racionales, legales, de persuasión. También para Weber se trata de un discurso. Entre los diversos discursos ideológicos destaca el nacionalismo, a juicio de autores contemporáneos muy prestigiosos. Los lingüistas de hoy dan a la palabra discurso un valor estrictamente ideológico.

El uso ordinario de este vocablo va dirigido casi siempre a la oratoria o a la literatura. En el mejor de los casos las ideologías son miradas como conjuntos de ideas generales que tienden, proyectivamente, hacia situaciones que no se realizan nunca plenamente. Aspiramos a cumplir con ciertas normas éticas, políticas, administrativas, que no logramos alcanzar del todo. Para Karl Mannheim las ideologías pueden estar subsumidas en “ideales”. En su libro “Ideología y Utopía” Mannheim presenta al cristianismo como ejemplo de doctrina de cumplimiento aproximado o relativo, de imposible realización plena, pero eficaz para mejorar conductas sociales injustas o crueles.

Los lingüistas estiman que toda lengua es, por sí, una prisión sintáctica y simbólica que condiciona nuestro pensamiento y, por tanto, la intelección de la “realidad objetiva”. El papel que otorgaba Kant al “sujeto cognoscente”, los lingüistas lo trasladan a la lengua. Según Kant, no conocemos las cosas tal y como ellas son sino como nuestro entendimiento nos permite conocerlas. La novedad de su filosofía consistió en afirmar el primado del sujeto: las cosas todas, en tanto que conocidas, han de adaptarse a mi “retícula cognoscitiva”.

En últimas cuentas, el conocimiento es algo que ocurre en el interior del hombre. No tiene lugar dentro de las piedras, debajo de la corteza de los árboles. El conocimiento es, sin duda, un “acto ponente” del sujeto. Los lingüistas están convencidos de que el hablante que dice una frase se somete al pronunciarla a unas reglas que condicionan su “capacidad enunciativa”. La lengua trae en su entramado significativo, en su historia particular, una ideología que nos atrapa.