Imágenes impresionantes que no se olvidarán

24_09_2016 HOY_SABADO_240916_ ¡Vivir!1 C

Marianne de Tolentino

La cantidad y la calidad de exposiciones que Photoimagen 2016 está presentando, no solamente en Santo Domingo, sino en diversos puntos del territorio nacional, bastan para que el mes de la fotografía, en su séptima edición, se considere como el gran evento artístico del año, del bienio aun… A este respecto, la unanimidad y la acogida entusiasta que manifiesta el público, desde su inauguración en el Museo de Arte Moderno ante una multitud, le hacen igualar, sino superar, el alcance de una bienal de artes visuales. Además, la perfecta integración entre la fotografía dominicana y la extranjera – siendo Cuba el país invitado de honor– da una dimensión internacional evidente.
Sin caer en el encomio exaltante, se ha de elogiar la competente, eficaz, inobjetable labor realizada por un equipo pequeño encabezado por Carlos Acero y Mayra Johnson.
Trabajaron arduamente en silencio, convocando y organizando, curando y coordinando, siendo sintomática la respuesta de los participantes, de los lugares de exposición, de los patrocinadores.
Es indiscutible que Photoimagen contribuye al auge de la fotografía, y esta celebración corresponde al entusiasmo de la población dominicana –¡desde sus celulares!–, pero señalando entonces requisitos, niveles y metas a alcanzar –como el coleccionismo fotográfico y la proyección intercontinental–.
Además, la temática elegida, “Entre el retrato y el autorretrato, fotografía y representación”, inspira y motiva, ¡en nuestro tiempo de “selfies”!
Ojalá surja una publicación periódica especializada, que se dedique a la fotografía y los fotógrafos: el éxito de Photoimagen permite augurarlo… Es evidente que un reconocimiento global no es suficiente, y que prácticamente cada muestra, individual o colectiva, cuales sean origen y autores, ameritarían análisis y valoración…
Nuestro comentario de hoy concierne a tres exposiciones sobresalientes y diferentes.
Andy Warhol y Apeco. El Museo Bellapart, sitial de magníficas exposiciones y museografías, presenta dos muestras que no pueden ser más contrastantes: “Polaroids by Andy Warhol” y “Apeco: retratos y autorretratos”.
Las polaroids del famoso artista norteamericano Andy Warhol, provienen de la colaboración y colección de Walter Otero, una primera sorpresa por conocer en Santo Domingo a ese reputado galerista puertorriqueño a través de la pintura de Arnaldo Roche Rabell.
Las obras forman parte de casi 30 000 polaroids originales, un legado de la Fundación Andy Warhol donado a museos y galerías, universidades y colegios: constituyen un fondo, no solo de inmenso valor por su autor, sino por su significado histórico. Estos pequeñísimos formatos, verdaderas miniaturas y joyas fotográficas, nos devuelven a una época de los 70-80, que los jóvenes visitantes no han conocido…
En primer lugar están los autorretratos del propio Andy Warhol, hasta su “trans-formación” femenina, pero más nos interesan las imágenes de aquellos famosos de la actualidad. Desfilan, gracias a una visión original y la foto instantánea, las “stars” del momento, una verdadera resurrección que materializa el paso del tiempo. Obviamente, el dueño de la Factory gozaba retratando a sus prestigiosos invitados, muchas de las fotos constituyendo bocetos de futuros trabajos “picto-gráficos”, emblemáticos del pop-art. Y no solamente encontramos estrellas del arte y la creación, entonces en su radiante juventud, como Jane Fonda y Silverster Stalone, sino personajes y personalidades de inesperadas esferas como Pelé y O.J. Simpson… En fin, he aquí una auténtica delicia y revelación, por más que se sabía de la pasión de Warhol y su “polaroid big shot”.
A continuación, y en total contraste, el Museo Bellapart ofrece emocionantes autorretratos del santiaguero e incomparable Apeco, único en la historia de la fotografía dominicana, y luego varios de sus retratos gracias a la mirada acuciosa de talentosos colegas. El Centro León, desde un legado y colección formidable y el colectivo Grufos, facilitaron las obras maestras expuestas.
En un compromiso consigo mismo y también por su vocación por el teatro –de la escritura a la puesta en escena y actuación–, Apeco fue el fotógrafo dominicano que más lidió con el autorretrato. No se exageraría al afirmar que su producción entera le autorretrató sicológicamente.
En las imágenes de sí mismo, él provoca reacciones irresistibles de deslumbramiento como nadie lo ha logrado. Aquí está el autorretrato más conocido y considerado como un clímax, tanto en autoría como en genero: Apeco se adentra en su propia angustia, grita en silencio, se lastima aun, rastrillándose la mejilla con una horquilla. La versión, adrede desenfocada, le comunica un aura sobrenatural. El autorretrato, lejos de limitarse al juego y la maestría técnica, transmite el drama interior y metaforiza genialmente la introspección.
En los retratos de Apeco por colegas –notemos que nunca se afilió a un grupo, pero le encantaba que le tomaran fotos–, hay una transmisión de la identidad del “modelo”, y también observamos la calidad de la curaduría de Carlos Acero.
Diego y Frida. La Quinta Dominica y el Museo de las Casas Reales comparten, gracias a la Embajada de México, otra exposición extraordinaria para la memoria: los retratos de Diego Rivera y Frida Kahlo, casi siempre juntos. Los autores son varios, desde Guillermo Kahlo –el padre de Frida– y anónimos hasta grandes nombres, como Manuel Alvárez Bravo, Ansel Adams, Edward Weston o Nicolas Muray.
Exhalan un raro poder de fascinación decenas de fotos, en blanco y negro, que recuerdan la belleza de una mujer insólita y las relaciones de dos seres unidos por el amor y la urgencia mutua, el talento y la ideología.
Parece increíble que, medio siglo después de la muerte de Frida, hayan descubierto en su morada y Casa Azul, unas seis mil fotos, un tesoro patrimonial.
Estas efigies, algo fetiches, refieren a un diálogo en el arte, a tumultos, infidelidades y desgarramientos, finalmente a la imposibilidad de vivir el uno sin el otro… Más que calidad y/u originalidad de las tomas, “Diego y Frida”, al filo de sus vidas, nos sumergen en la historia de un dúo de personalidades sin par, reverenciado hoy como ayer. Hay que ver y leer las imágenes con el mayor detenimiento.