Imaginen el peligro de una repetición del 2000

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NUEVA YORK – Estados Unidos bien podría despertar el miércoles 3 de noviembre sin saber quién ganó la elección presidencial. A juzgar por los sondeos más recientes, la contienda es lo bastante cerrada en varios estados clave que un error humano, fallas técnicas y las inevitables recusaciones legales pudieran retrasar los resultados durante días o semanas, en una repetición no bienvenida del 2000.

La probabilidad de problemas en los 200,000 lugares de votación del país podría ser mayor en 2004 que en cualquier año que se recuerde. Las boletas de ausentes y las enviadas por correo, la votación provisional, la reconfiguración de distritos, trabajadores electorales mal adiestrados, los millones de votantes que sufragarán por primera vez, y la poco familiar nueva tecnología están conspirando para crear una pesadilla electoral potencial en una contienda cerrada.

Los dos partidos principales tienen brigadas de abogados listos para presentar acciones legales ante los primeros signos de irregularidad en los sondeos. Demandas ya están recusando procedimientos de registro de electores en varios estados, y seguramente surgirán más litigios en cualquier parte donde pudiera afectar el resultado. 

En todos los caseríos, ciudades, condados y estados norteamericanos, funcionarios electorales están rogando: “Por favor, que el margen no sea muy estrecho aquí”.

Todo lo cual conduce al interrogante: ¿El país pudiera soportar otro Florida? ¿Cuán profundo sería el daño político y sicológico?

La debacle la últim vez dejó a las instituciones electorales del país raspadas pero relativamente intactas. Investigadores académicos dicen que la profundamente dividida Suprema Corte de diciembre de 2000, criticada por muchos por la forma en que decidió en el caso Bush vs. Gore, parece haber recuperado la confianza de una mayoría del público.

Pero persisten las cicatrices. Las dudas sobre la legitimidad de la presidencia de George W. Bush y la rectitud de la elección del 2000 nunca han muerto. Muchos votantes demócratas han alimentado sentimientos de ira y decepción durante los últimos cuatro años. En parte como resultado, la campaña de 2004 ha estado entre las más encarnizadas en décadas.

Algunos expertos y combatientes políticos creen que una segunda elección refutada pudiera abrir fisuras duraderas en la sociedad estadounidense. Temen que la geografía política rojo-azul del país pudiera quedarse grabada en la mente nacional durante los próximos años, aplastando las esperanzas de cooperación bipartidista al gobernar el país.

Antes del 2000, la última vez que Estados Unidos sufrió una elección presidencial disputada fue en 1876, cuando las heridas de la Guerra Civil seguían frescas y el público no tenía ganas de una batalla bipartidista marcada, dijo David Herbert Donald, profesor emérito de historia en la Universidad de Harvard y experto en el tema de la presidencia. Esa disputa se enfrió pronto después de que Rutherford B. Hayes, declarado ganador por una comisión bipartidista, asumió la presidencia en 1877.

Esta vez pudiera ser diferente, advirtió Donald. “Hubo mucho más resentimiento residual, más que la sensación de ”fuimos robados” en el 2000 que en 1876″, dijo. “Si tenemos otra situación en la cual el tribunal decida el resultado, habrá serias dudas sobre si ésta es la mejor forma de operar un gobierno”.

Si algún candidato gana sin el apoyo del voto popular, como hizo Bush en el 2000, pudiera haber serios llamados a abolir el Colegio Electoral y hacer otros cambios fundamentales en la maquinaria de la democracia estadounidense.

Hubo amargura sobre la elección del 2000 que persiste en muchos círculos demócratas, dijo Donald, y añadió: “Eso seguramente revivirá si hay otra disputa”.

Warren Christopher, ex secretario de estado que supervisó las recusaciones legales del vicepresidente Al Gore en el 2000, dijo que las acciones de la Suprema Corte y algunos funcionarios de Florida ese año empañaron, al menos temporalmente, la forma en que Estados Unidos elige a sus líderes. Una segunda elección empañada, seguida por más conflicto partidista, dijo Christopher, sería mucho más perjudicial. Instó a ambos partidos a enfriar su retórica y poner el interés de la nación por encima de la ventaja partidista.

“Una repetición haría un daño irreparable a la buena voluntad e indulgencia tan esenciales para una democracia funcional”, escribió en un mensaje de correo electrónico. “Para los partidos políticos, 2004 pudiera ser la ocasión en que ganar no lo sea todo”.

La disputa de Florida, los 36 días de suspenso y la decisión preventiva de la Suprema Corte pusieron a prueba la confianza de Estados Unidos en su capacidad para realizar elecciones, una confianza que en gran medida no había sido cuestionada desde 1876. Richard M. Nixon eligió no recusar los resultados cuando perdió ante John F. Kennedy en 1960, pese a dudas sobre el fraude electoral demócrata en Cook County, Illinois.

Ahora, sin embargo, ha surgido una industria de supervisores electorales de tiempo completo, analistas y críticos, desde la amplia y no partidista Electionline.org, que planea divulgar un informe estado por estado sobre potenciales problemas de votación el martes, hasta esfuerzos enfocados como Black Box Voting, que trabaja para exponer los problemas de seguridad con las máquinas de votación electrónica.

Las quejas sobre la elección del 2000 no se limitan a un partido o un estado, pero parecen ser sentidas con particular fuerza por las minorías y los pobres, cuyos votos fueron desproporcionadamente cancelados en Florida y otras partes, dijo Christopher Edley Jr., decano de Boalt Hall, la escuela de derecho de la Universidad de California en Berkeley, y miembro de la Comisión de Estados Unidos sobre Derechos Civiles.

“Estas enormes diferencias de distrito a distrito y de condado a condado en las tasas de votación son intolerables, especialmente cuando las diferencias están tan fuertemente correlacionadas con la clase y el color”, dijo Edley, y añadió que si mucho del electorado cree que un resultado electoral se derivó de métodos de votación injustos e incongruentes, “entonces la derrota es amarga y agria”.

La única solución, dijo, es un sistema de votación nacional estadarizado que dé a todos una oportunidad igual de que su voto sea adecuadamente contado.

El temor de otro embrollo en 2004 surge en un momento en que muchas instituciones estadounidenses están bajo asalto, en gran medida debido a problemas generados por ellas mismas, dijo Leon Panetta, ex congresista, secretario de la presidencia bajo el mandato de Bill Clinton y miembro de la comisión bipartidista sobre la reforma electoral federal formada tras la elección del 2000.

“La confianza en nuestras instituciones básicas está siendo socavada en varias formas: en el Estados Unidos corporativo, con nuestra comunidad religiosa, en la prensa, y ciertamente en el gobierno, particularmente con las revelaciones del fracaso de nuestros sistemas de espionaje en Irak”, dijo Panetta. “Ahora estamos en una era de elecciones disputadas. A todos les gustaría creer que la Constitución está diseñada para resolver estas disputas, pero no sé cuántas elecciones nacionales se pueden llevar a la Suprema Corte sin tener en cierto momento una explosión en este país”.

Los republicanos parecen más optimistas sobre el estado de la democracia estadounidense y las perspectivas para el futuro.

Theodore B. Olson, quien defendió el caso electoral de Bush ante la Suprema Corte, dijo que el tribunal había formulado muchas decisiones poco populares en el pasado y salió con su reputación y autoridad intactas. Señalando que ambas partes están preparadas para disputar agresivamente cualquier resultado cuestionable este año, dijo que esperaba que finalmente aceptaran el veredicto de los contadores de votos o los tribunales.

“La gente sigue diciéndonos que la democracia es una especie de embrollo, y cuando se tienen elecciones cerradas, existe la posibilidad de que el resultado no sea inmediatamente claro”, dijo Olson. “Pero ¿cuál es la alternativa?”

Una cosa que parece segura, sin embargo, es que no hay certeza sobre cómo manejará la nación las consecuencias de una elección disputada.

En el 2000, expertos predijeron que la Suprema Corte rechazaría arrebatar el caso a los tribunales de Florida. Predijeron que, a falta de un mandato popular, Bush tendría que gobernar desde el centro. Predijeron que un recuento cuidadoso de las boletas en Florida revelaría que Gore era el verdadero ganador. Todo resultó falso, o al menos debatible, dijo Laurence H. Tribe, profesor de la Escuela de Derecho de Harvard y defensor de Gore ante la Suprema Corte en diciembre del 2000.

“Cualquiera que piense que tiene una bola de cristal útil a través de la cual mirar, para imaginar cuáles podrían ser las consecuencias”, dijo, “haría mejor en comerse el cristal”.

Algunos observadores ven ptencial de tener beneficios duraderos gracias a otra elección disputada, al menos una vez que se asiente el polvo: Dicen que finalmente podría animar al país a revisar el proceso de elección presidencial.

“Si sucede una vez, es una anomalía; una segunda vez, y es evidente que hay problemas reales”, dijo Elizabeth Garrett, directora del Centro Caltech sobre Derecho y Política de la Universidad del Sur de California. “No podemos soportar esto en cada elección, pero si tenemos otra elección disputada, tendrán que emprenderse esfuerzos de reforma electoral”.