Imitemos a México

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En un país caracterizado por la a todas luces depredadora fórmula “si sube, sube, pero si baja no”, la misma no está acorde con la realidad del mercado. Los ciudadanos contribuyentes deben aprender o sopesar modos alternativos para rendir más los magros recursos que más del 60% de la población dominicana percibe por las horas laborales que realiza.

En México, al igual que en nuestro país, los precios de los productos de la canasta básica han sufrido también alzas que no están al alcance del ciudadano común: no obstante ser el país gran productor y exportador de petróleo y en el cual se practican las rebajas o subidas del crudo, conforme al precio internacional del mismo, lo cual no sucede en nuestro país.

Hasta ahora, los mexicanos pagan un 16% del impuesto al valor agregado (ITBIS), lo cual consideran muy elevado, ya que toman en cuenta que en países aledaños, se aplica desde un 8 al 14%. Sin embargo, en la República Dominicana, país más pobre y con un estándar de vida muy inferior, se paga un 18% a la mayoría de los bienes de consumo.

¿Cuáles medidas han adoptado los mexicanos para aliviar esa injusta carga impositiva? Han decidido pagar de contado los pagos que realizan al llegar a un acuerdo con la contraparte, que al no estar obligado a emitir una factura comercial con valor fiscal, se ahorran el 16% al no declararla ante el Ministerio de Hacienda. Los mexicanos han llegado a la conclusión que de acuerdo al bajo interés que paga la banca comercial y con todas las penalidades que por el manejo de las cuentas aplican (balance mínimo, pago por servicio, comisiones, etc.) han decidido volver a la vieja práctica de guardar su dinero debajo del colchón.

En nuestro país, el ITBIS se ha ido paulatinamente incrementando hasta un 18%, sin que los ciudadanos protesten o busquen la fórmula mexicana para que les rinda más su salario.

Si bien propugnamos por esta fórmula mexicana, no todo lo que proviene de ese país debe ser imitado, especialmente los carteles de drogas y el sicariato que ha hecho desaparecer cientos de inocentes ciudadanos, para implantar el caos y el terror. Los alimentos son imprescindibles para la vida humana, por lo tanto no se justifica que los mismos sean gravados con un 18%. Si usted va a un restaurante, el usuario debe pagar además del 18%, el 10% de la propina obligatoria, que en la mayoría de los casos se guarda para sí el propietario del establecimiento. Lo anterior es lo legal, ya que muchos parroquianos dejan un dinero extra.

El gobierno del PLD todavía considera que la tasa impositiva es muy baja y se apresta a implantar una nueva, para esquilar aun más al pobre consumidor. Y nos preguntamos ¿Hasta qué límite podemos resistir estos embates impositivos sin ejecutar la ciudadanía una contundente protesta?

En la vida, lo más importante es la sobrevivencia a la cual tienen derecho todos los nacidos y residentes en el país, pero ¿Estas indiscriminadas alzas de los alimentos no guardan relación con el incremento de la criminalidad? Hemos visto cómo en los últimos años el sicariato, los asaltos y hasta los hechos criminales han aumentado considerablemente, sin que los ineficientes organismos destinados a proteger y guardar el orden público, frenen los mismos.

Es necesario que los ciudadanos nos empoderemos y combatamos estos delitos, ya que de lo contrario, nos pueden conducir al abismo y convertirnos, al igual que Haití, en un estado fallido. Enmendemos los errores y tendremos un país más próspero y sobre todo, seguro.