Impresiones de un viaje a Ginebra

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Al cruzar el puente Du Mon-Blanc se aprecia la parte más vieja de la ciudad con estrechas callecitas empedradas en la que en lo alto de la colina se levanta la catedral de San Pedro, construida entre los años 1160 y 1232.

POR SEGUNDO ANTONIO VÁSQUEZ
GINEBRA, Suiza.- Visitar esta ciudad es descubrir una urbe donde el encanto reside en sus dimensiones, al tener interesantes centros e inigualables edificaciones que reflejan su cultura.

Esta ciudad, que se anexó a Suiza en 1814, se identifica principalmente por el lago Lemán, que mide un kilómetro de ancho, el cual une sus aguas con el río Rodano dividiendo la ciudad en dos, el lado norte y el lado sur, al mezclarse con el puente Du Mon-Blanc.

Casi al medio de su superficie llega una tubería que parte de uno de sus rompeolas laterales la cual tiene un surtidor cuyo líquido sube hasta 145 metros de altura, expulsado a una velocidad de 200 kilómetros por hora.

Otra peculiaridad es que en muchas de sus calles del centro, las aceras casi al borde del contén tienen levantada una estructura arriba curvada, cuyo cuerpo frontal presenta incrustado un rostro humano de metal que de su boca sale un tubo curvo vertiendo un chorrito de agua que va a caer a un hueco que está en el suelo de borde curvado con una doble barra. Agua que se recicla nuevamente y es utilizada para que los transeúntes se laven las manos antes de comer.

  Otra curiosidad es que hay avenidas que sus aceras tienen muchos tarros con flores sembradas para adornar la ciudad.

 A orillas del lago Lemán está el Jardín Anglais que es un parque conformado por caminos y árboles, una fuente grande, una glorieta y una jardinera que forma una estrella polar de varios colores.

Más adelante plantado en el suelo hay un reloj cuyas manecillas y números de metal dan la hora, el cual está entre un grupo de flores rojas rodeada de otras amarillas. Y en la calle Du Mon Blanc hay un muro que abajo en la acera tiene una jardinera que entre flores rojizas tiene un espacio por donde salen otras pequeñas de distinto color formando mariposas.

 También en la calle Toepifler se aprecia la preciosa iglesia ortodoxa rusa de estilo bizantino, cuya entrada tiene una galería de tres arcos donde el medio más alto está rematado curvamente, soportados por dos cortas columnas aglobadas. Atrás le continúa otro cuerpo con ventanas arqueadas y techo de forma triangular desde donde surge una decorada torrecita que tiene una cúspide cuyo pico está aglobado, la cual está toda cubierta de oro. Hay cinco más iguales en el techo del tercer cuerpo en las que en sus lados y frentes hay medios rosetones.

Asimismo, en la calle De Rhone esquina Place Molard, cuyo sector es peatonal, aparece un edificio de piedra con tres niveles y dobles ventanas, que con cinco metros de ancho sobresale a la acera. Tiene la particularidad de que su primer cuerpo presenta una amplia abertura curvada de tres metros de ancho para que por allí pasen los transeúntes.

De techo de forma triangular;  la pared frontal tiene un reloj grande y desde el alto surge una torrecita redonda con seis ventanas arqueadas cuya cubierta es de tope cóncavo.

Igualmente, al cruzar el puente Du Mon-Blanc en el alto se aprecia la parte más vieja de la ciudad con estrechas callecitas empedradas. En lo alto de la colina se levanta la catedral de San Pedro, construida entre los años 1160 y 1232, cuya estructura es de estilo romano y gótico.

  Su fachada centralmente presenta un primer cuerpo curvado sobresaliente con la entrada cuyo derredor tiene siete bloques verticales formando dobladas pilastras con ventanas tragaluces y un techo inclinado. Lateralmente le siguen dos torres cuadradas de cuatro niveles con ventanas iguales y techo piramidal. La de la izquierda cada ángulo esquinero tiene una cúspide ornamentada.

Atrás el techo del templo centralmente tiene otra torre más estrecha con varios adornos verticales que la rodean cuyo tope es un elevadísimo cono pentagonal con 15 metros de altura.

Al cruzar el puente a la izquierda hay un barco antiguo estacionado permanentemente en el muelle Gustave Ador, que adentro funciona un bar-restaurant flotante.

En la avenida Quad Wilson hay instalado un sistema de cámaras fotográficas que toman fotos a las placas de carros que al pasar exceden la velocidad. Como también hay postes con un espejo grande redondo, el cual está en la derecha frontal al desemboque de la otra calle y sirve para ver el vehículo que se aproxima. Igualmente más adelante hay una alta columna con un barómetro grande para medir la temperatura ambiental.