Impuesto sobre la renta: La calidad del gasto

Si hacemos un ligero ejercicio mental estaremos contestes con el viejo aforismo que dice: La maledicencia te perdona todo, con excepción del cambio de estatus económico; para los adultos en la edad otoñal, esta es una verdad indiscutible.
Esta dura verdad contiene un paralelismo evidente con otra verdad que también la convierte en indiscutible, nos referimos al apotegma de que es muy difícil que sea aceptada voluntariamente por los afectados, la caída a planos inferiores, en el estatus económico, ni aun con el poder apocalíptico de cualquier hecho de fuerza mayor.
Hemos hecho este prefacio para entrar de lleno a comentar el despropósito del ansiado Pacto Fiscal, manipulado desde hace muchos años, sin llegar a conclusión alguna. Esto resulta doloroso porque manifiesta la lucha tenaz de intereses, muy alejada del bien público.
Una variable agravante del Pacto fiscal que dificulta su firma es la inclusión en este del pedido vehemente la mejoría de la calidad del gasto, no una reducción como debe ser, no, pero ni esto cabe en las mentes fiscalistas. Algunos hemos insistido en un cambio en la política impositiva, mientras otros apoyados en la inmediatez, ven la necesidad de mantener la política vigente, de un gasto Publico hipertrofiado, soslayando que las alícuotas bajas, significan mayor recaudación a corto y mediano plazo.
La oposición permanente quiere reducir las alícuotas impositivas, pero reflejan desinterés en mejorar la calidad del gasto, no por resistencia al cambio, sino por aprensión a las contingencias. El Sistema Impositivo vigente basado en tributos indirectos es muy seguro sin importar que conlleve mayor carga para la base piramidal de la sociedad.
Los tímidos esfuerzos demostrados en las llamadas amnistías fiscales constituyen una afirmación de lo que llevamos dicho, por ejemplo, la última Amnistía concedida mediante la Ley No.309-12 tal como en todas, no hubo flexibilidad en impuestos, se condonaron los recargos leoninos, que se aplican por tiempo indefinidos, manteniendo los impuestos y condonando los ejercicios económicos no fiscalizados desde el 2006 hacia atrás, pero considerando la capacidad limitada de verificación de las Administraciones, esta concesión, es solo aparente, porque no es una Amnistía, sino una reivindicación. En esta Ley de Amnistía, para acogerse a ella se exigía el pago de una tasa efectiva de tributación tan alta, que hubo poca acogida.