Impuestos cuestionables

La forma en que el Estado mantiene a los combustibles, y específicamente a la gasolina y el gasoil , como fuente de elevados ingresos impositivos genera un desproporcionado efecto adverso para todos los usos, sea como insumos para producir bienes y servicios, desarrollar labores agrícolas, mover el transporte en general y hacer posible una distribución eficaz de los propios derivados. Son los tributos el mayor componente encarecedor en la intermediación. Al convertir a los carburantes de este país en los más caros en el marco regional centroamericano en que está enclavada la isla, la acción fiscal dominicana persiste como gran causante de desigualdades en costos en medio del auge de la globalización.

Desde cualquier punto del Caribe salen a competir contra República Dominicana mercancías obtenidas sin la presión de altos precios energéticos, de la electricidad en particular. Una desventaja que incluye el que tales exportaciones invaden el mercado local con rentabilidades que superan las del productor criollo. Más que impuestos para que el fisco obtenga razonables porcentajes de las ganancias generadas por actividades privadas, se les debería llamar penalidades, muy gravosas, para las labores reproductivas particulares que realmente dan volumen al Producto Bruto Interno: un 83% aproximadamente del total logrado contra los vientos y mareas atribuibles a un insuficiente respaldo de organismos oficiales.

 

Un pueblo en la adversidad

Aunque es cierto que al cabildo de Cristóbal, en la provincia Independencia, le va mal por la mutilación de los recursos que recibe vía presupuesto, peor le ocurre a la población, olvidada y fronteriza. El alcalde, Douglas Matos, informó recientemente que ante lo dramática de la situación de muchas familias, tiene que dedicar el 70% de sus finanzas a la asistencia social.

Desempleo atroz, una prostitución infantil en crecimiento, libre comercialización de drogas, 700 estudiantes sin el edificio para clases que sustituyera el plantel que demolieron, los enfermos reciben asistencia de Salud Pública en una casa alquilada a falta de una sede como Dios manda; con bomberos que sabrían hacer su tarea, pero no tienen ni local ni equipos para combatir incendios. En este espacio no caben más penurias. En Cristóbal sí.