In memoriam por Puro Peralta

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ATAHUALPA SOÑÉ M.
El aspecto que toca guardar a la discreción de cualquier profesional le hace ser necesariamente discreto cuando se ha de referir a alguien que es amigo-colega, más aún si los designios que marcan los pasos de la trayectoria vital de ese amigo-colega, se ha visto sorprendida por la impronta de las sorpresas a que la vida no termina acostumbrarnos, aunque le sabemos segura por ley natural: La Muerte.

Debo decir que por los fines de los años 70, tras haber logrado implantar raíces hacia el fondo de nuestra Alma Mater de la UNPHU de todos, raíces consolidadas en nuestra Escuela de Psicología bajo la dirección del siempre recordado doctor Rubén Farray, nos llega desde Italia el doctor Puro Peralta aún con el olor al barniz de los butacones de aquellas amplia aulas auropeas de universidades centenarias.

Desde allí nos llega Puro Peralta, con una sólida formación la cual puso de inmediato a disposición de la Academia en la que conjuntamente con el trato fino y cordial del Don Rubén Farray, el vehementemente doctor Salvador Iglesias, las puertas que empezaba de dejar abiertas el doctor José V. Víaz, el feliz encuentro con el hermano-amigo licenciado Jaime Rijo, los licenciados todos salvadores, Espinal, Estepan y Pérez, la discreta mirada de un Arturo Nanita; no ha de faltar la de su incondicional amiga y colega, Angela Miranda, Evelyn Díaz y otros tantos que dieron acogida calurosa al Puro Peralta que nos llega de la mano un Enmanuel Silvestre, para en conjunto formar parte de la sólida roca de la Escuela de Psicología de la UNPHU.

Puro Peralta llegó hasta mí como colega, luego de transcurrir algún tiempo, llegamos a ser compañeros, luego de compartir criterios y experiencias en el seno de la cátedra universitaria, nos convertimos en amigos, buenos y grandes amigos.

Por la vía del amigo y por las razones de la trayetoria forjadas y construida de manera sinceras y puras fue que me permití desde mis funciones en la UNPHU sugerirle al entonces preclaro y doctor rector doctor Mariano Defilló Ricart, evitar y sellar lo que tendía a convertirse en el hundimiento de la que había sido la más sólida Escuela de Psicología del país, tras una desatinada designación. Puro Peralta fue mi sugerencia y Puro Peralta fue la solución de aquella desagradable situación. ¡Ese era Puro!!.

El colega, el compañero y finalmente el amigo, ha hecho que tras la impronta que me llegara en este noviembre, el cual me ha de indicar y recordar que finalmente se fue el amigo. El amigo cuya hechura se habría elaborado dentro del marco del quehacer laboral de lo profesional, por sobre todo con la altura conyuntural que Puro le asignaba a las cosas para colocarle el sello de su legado participativo.

Puro Peralta, amigo, tus esfuerzos, tus deseos y tus proyectos habrán de quedar con aquellos que tuviste a bien compartir, pues sé además que tus planes e intenciones traspasaron el plano de las ideas simples: empezaron a ser realidades, pero estoy mucho más seguro que aquel que te guió por los senderos de la vida entre nosotros, habrá de continuar guiando tus pasos de manera más firme y precisa. Sé también que no estarás sólo, pues allí moran otros que también te quieren y al igual que aquí te recibirán en tu largo transitar: Farray, Salvador Iglesias, Jaime Rijo y otros tantos.

Quedamos aquí con parte de los tuyos para seguir testimoniándoles nuestros afectos vertidos por tu vía hacia Esther, Carla y Miguel y por igual a todos los que de tí recibieron parte de los supiste dar de corazón.

¡Duerme el sueño de los justo, que El es tu silente guardián querido amigo!!