Incertidumbre, no certeza

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En los días que corren, el tema que acapara la atención continua siendo el acuerdo suscrito entre el Presidente de la República y el que fuera candidato presidencial del PRD en el 2008 y, sin duda,  la figura emergente y mejor aspectada para lograr tanto la presidencia del partido como, nueva vez,  la  nominación presidencial para el 2012.

Pese a los calificativos y las reacciones que ha provocado en unos y otros,  resulta redituable, sin embargo, explorar las proyecciones y potenciales desarrollos de este entendido que en ningún momento fue de partidos sino entre dos  personalidades de arraigo político. 

El pacto más que un objetivo en sí mismo puede ser para el Presidente y su partido apenas un primer paso de una estrategia de  mayor respiro. Visto por separado y en su conjunto  el pliego, empernado en siete puntos, no va más allá de la oportunidad y conveniencia de las partes. Aunque se quiera asegurar lo contrario,  no hay  en el arreglo vocación para sentar bases para un desarrollo institucional más sano. Si ese hubiera sido el objetivo habría sido más inclusivo y comprensivo en estos y otros aspectos sensibles.

Lo de la no reelección en el ’12 no es una renuncia  por convencimiento sino por inviabilidad de una estrategia -se venía evidenciando- que hubiese resultado  demasiado costosa en los actuales momentos. La salida temporal de una figura, hasta ahora invencible electoralmente,  abre ciertamente  la brecha para, desde la oposición, avanzar en la conquista de la Presidencia además de restablecer el futuro al Presidente Mejía. 

Para el Presidente –fue explicito en ello-  la reelección no es un asunto de principio. Y si no lo es, entonces es cuestión de oportunidad y coyuntura. Que no se venga ahora con la ridiculez de corifeo a decir que lo hizo por desprendimiento.

En lo estipulado no hay contribución a la solución de la cuestión.  No es acuerdo para establecer reglas de juego aceptables para todos y en cualquier situación. Sorprende que un candidato que puso el grito al cielo por el  uso desmedido y escandaloso de los recursos oficiales en las presidenciales anteriores no se haya hecho eco de sus lamentos.

El asunto de las reelecciones no es que el Presidente pueda o no repostularse ni competir. Es que la pugna se realiza de manera harto  inequitativa y desbalanceada al punto de tornarla peligrosa. No deberá ser motivo de sorpresa para lo que viene en el 2010 y 2012 que se escuchen las mismas  acusaciones de las mismas voces.

El hecho que el Presidente se comprometa a no ir no significa, desde ya, el éxito de la oposición. Los escenarios no se abandonan y más cuando se es y se quiere seguir vigente. Hay tiempo suficiente para preparar una salida que asegure el volver. Por más juventud política que se tenga, el 2020 queda demasiado lejos.

Los reformistas volverán a bailar. ¡Cuidado si no más pronto de lo que piensan!  Son herramientas útiles, y de seguro siguen en el firmamento mental del Presidente. Son parte de su capital político.

La incertidumbre, la posibilidad de victoria de cualquiera de los duelistas –el más importante indicador de competencia electoral- está sembrada por el momento. Que se arremanguen las mangas,  que es mucha la faena que queda por venir si es que quieren llegar.