Inconsecuencias

El robo de metales se ha convertido en una fuente altamente lucrativa para unos pocos y que acarrea enormes perjuicios para la mayoría. En los últimos tiempos hemos intensificado las exportaciones de metales que no producimos, como el cobre, dando lugar a una relación comercial que se sustenta, por un lado en el robo de cables del tendido eléctrico y de telefonía y por otro lado en la falta de decisión de las autoridades.

Sería interesante saber cómo justifican las empresas exportadoras de cobre la procedencia de su mercancía, sobre todo en tiempos en que está en boga la depredación del tendido eléctrico en autopistas y puentes.

Pero sería igualmente interesante conocer las razones que tienen las autoridades para continuar permitiendo estas exportaciones, que de alguna manera tienen que pasar por el cedazo de las aduanas del país.

No es posible que se permita el lucro particular de unos pocos exportadores de metales en base al perjuicio de muchos. Cada libra de cobre que se vende en el exterior significa pérdidas económicas para empresas, negocios y hogares que quedan sin energía eléctrica o sin comunicación telefónica alámbrica cada vez que son robados los cables.

Mantener estas exportaciones es una valoración inconsecuente del concepto de libre empresa.

 

¿Tasa competitiva?

¿Qué significa tasa competitiva?

Este concepto es invocado frecuentemente para pretender que sea la devaluación monetaria la que financie la competitividad de determinados sectores.

En una oportunidad fue el sector turístico el que propuso que la tasa de cambio fuera de tantos pesos por dólar, es decir una devaluación de la moneda nacional, para que este negocio pudiese ser competitivo y rentable. Empero, sin que haya sido acogida esta propuesta, la rentabilidad del sector turístico sigue siendo sorprendentemente alta.

Más recientemente ha sido el sector zonas francas el que ha propuesto una “tasa competitiva” basada en la devaluación del peso dominicano. En ambos casos, sin embargo, ha sido muy vaga la explicación del concepto “tasa competitiva”.

La realidad es que la tasa de cambio en un país depende de múltiples factores, incluyendo, por supuesto, la  capacidad del país para producir bienes y servicios exportables.

No es aconsejable ni prudente que se devalúe la moneda y se establezca paridad especial para asegurar la rentabilidad de unos pocos sectores en particular en perjuicio de la economía en general.

Lo que necesita el país, incluyendo turismo y zonas francas, es una productividad competitiva que agregue cada vez más valor local a los bienes y servicios, en vez de una tasa competitiva que no haría más que fomentar privilegios.