Indefendible

Los denominados “barrilitos”, a través de los cuales se otorga a los legisladores dinero del erario para cubrir actividades sociales en sus respectivas comunidades, constituyen una aberración indefendible.

No hay manera de justificar que el Estado tenga que financiar las labores proselitistas de sus legisladores, que, por cierto, cobran muy buenos sueldos y complementos.

El hecho de haber ganado una curul coloca al legislador en el derecho de ser remunerado por su trabajo, pero de ninguna manera se justifica que manejen fondos del erario para otros menesteres.

¿Cómo justificar que el dinero de los contribuyentes sea destinado a causas particulares, ajenas a las políticas institucionales para beneficencia social?

Es un contrasentido que habiendo sido excluidas del presupuesto nacional las asignaciones de dinero del erario a las ONG regenteadas por legisladores, se permita que éstos se autoaprueben asignaciones de fondos que deban ser alimentados del presupuesto.

Semejante sustitución solo cambia de nombre la aberración inicial.

– II –

Aún bajo una supervisión estricta por parte de auditores competentes la creación de estos fondos tiene implicaciones éticas que deberían ser consideradas muy seriamente, como las tuvo en su momento la financiación con fondos públicos de las ONG de los legisladores.

Los denominados barrilitos son tan indefendibles como la financiación de las campañas de los partidos políticos con el dinero de los contribuyentes.

Si en el país se está apostando a la transparencia en el manejo de bienes y recursos públicos, el caso de los “barrilitos” debería ser tomado en cuenta para incluirlo entre las cosas cuestionables e injustificables.

El Estado tiene capítulos específicos a través de los cuales se ejecuta la política de asistencia social y no son necesarios “barrilitos” y otros medios de captación de recursos públicos para pretender los mismos fines.

Se da muy mala señal cuando, mientras se regatea a los ayuntamientos municipales los recursos económicos que les corresponden por mandato de ley, se alimenta con dineros de los contribuyentes estos “barrilitos” indefendibles.