Indígena gana reality show

POR MANUEL EDUARDO SOTO
Ahora sí que los mexicanos vieron un cambio radical en la televisión. Un maestro indígena de una escuela rural del sureño estado de Guerrero, vecino al convulsionado Chiapas dominado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), se echó al bolsillo a otros 17 competidores blancos y recibió una tarjeta de crédito con 350.000 dólares, una lujosa jipeta cero kilómetro y por si eso no fuera bastante, pasajes durante todo un año para dos personas en una aerolínea nacional.

Humilde y sonriente, Erasmo Catalino González Delgado –cuya imagen hace recordar al “Manolito” de la tira cómica argentina Mafalda– pasó cinco meses encerrado en la casa-estudio de la cadena TV Azteca, en la ciudad de México, ganándose poco a poco el cariño del público y el aprecio de sus compañeros, los que vibraron junto a él cuando fue declarado ganador del concurso de canto el domingo 3 de julio en el Arena de Monterrey, la capital industrial de México, en el norte del inmeso país.

“Lo primero que voy a hacer con este dinero es comprarme una casa para vivir con mi esposa”, dijo Erasmo Catarino, como pasó a ser llamado simplemente por la prensa local. “También ayudaré a la escuela rural de Xalpatláhuac, donde enseña a niños indígenas en español y en su dialecto náhuatl.

Acostumbrados como nos tenían las cadenas mexicanas –en especial Televisa– a ver personas blancas, rubias y de ojos azules en sus telenovelas y programas, tipo Paulina Rubio, Luis Miguel o Thalía, el triunfo de Erasmo Catarino vino a remecer un país que comenzó a cambiar radicalmente en 1994, cuando el Comandante Cero decidió ocupar con sus guerrilleros proindígenas sectores montañosos del estado de Chiapas, originando una serie de facilidades para este grupo étnico que opuso tenaz resistencia a la conquista española en el siglo XVI. Además, hace cinco años terminó el dominio de 70 años del Partido Revolucionario Institucional (PRI), tras ser derrotado por el Partido Acción Nacional (PAN) del actual presidente Vicente Fox.

Claro que la participación de Erasmo Catarino en el concurso titulado La Academia tampoco significó un cambio muy grande dentro de la casa-estudio, donde los alumnos mantuvieron los acostumbrados romances que vemos en otros reality shows, pero él estuvo al margen de eso. Aunque las bellas chicas que guardaron encierro junto a él expresaban su cariño y aprecio por el indígena, ninguna se enamoró de él. Los besos eran en la mejilla, sólo de amistad y respeto más que de pasión, como ocurrió con otras parejas, a pesar de diferencias de edad y de estatura.

La opinión del público, que se manifestó frecuentemente a través de la prensa, la radio y la televisión, era que la ganadora tenía que ser Yuridia, una bella y alta muchacha de tez blanquísima y pelo negro, pero desafinó en la competencia final, por lo que quedó relegada al segundo lugar.

Sin embargo, Erasmo Catarino se lució cantando “Déjenme que estoy llorando”, una balada popularizada por Los Angeles Negros en la década de 1970 que se adaptaba a la perfección a su tono de voz. Tras su impecable interpretación ante 12.000 espectadores que repletaron el Arena Monterrey, no quedó duda que tenía que llevarse el premio mayor.

Pero los perdedores no fueron tan perdedores, ya que una docena de ellos acompañarán al ganador en una extensa gira que incluye 30 conciertos en México y unos 10 en Estados Unidos, desde donde llegaron tres de los concursantes a competir con sus compatriotas. Y recibirán dinero por sus actuaciones.

En vista del éxito logrado por la cuarta versión de La Academia, TV Azteca, que se ve en República Dominicana a través del cable, está organizando ahora una competencia separada a llevarse a cabo en Los Angeles, con la participación de hispanos residentes en Estados Unidos, no necesariamente de origen mexicano, lo que le dará un sabor diferente al concurso. La producción estará a cargo de la filial de la cadena en el país del norte, Azteca América, que preside el cubano Luis J. Echarte.