Informe de una misión cumplida

FEDERICO HENRÍQUEZ GRATEREAUX
Querido amigo Miklós: He leído dos estimulantes escritos de Ladislao Ubrique; los obtuve en el exterior, pues han sido reproducidos en varios periódicos de los Estados Unidos. Ambos llevan la fecha de 1991. El periodista que me los ha enviado supone, sin mucho fundamento, que antes habían aparecido en Budapest y en Praga. Creo que esto no es cierto; tal vez algunas personas supieran que Ubrique trabajaba en una obra relacionada con los problemas sociales del siglo XX. Quizás dos o tres profesores húngaros y, desde luego, tu compañera de estudios, Panonia, tuviesen noticias del proyecto de escribir esos ensayos narrativos.

Al enterarse la policía de que había “funcionarios influyentes” con la creencia de que en ellos se abordarían “asuntos políticos escabrosos”, los periódicos de Hungría no fueron “receptivos” con el autor, no obstante su prestigio intelectual. Los editores querían evitar problemas con el gobierno. Por eso pienso que nunca llegaron a publicarse, ni en Praga, ni en Budapest. En los Estados Unidos, según parece, hay más interés por la vida de Ubrique que por sus ideas políticas o sus opiniones sobre la historia europea contemporánea. Saben ya que ha salido y vuelto a entrar en dos países de Europa del Este; también están al tanto de que Ubrique viajó a Cuba y que ha trabajado allí en investigaciones sociales, etnológicas, o algo parecido. Sospecho que tantas informaciones acerca del paradero de un escritor excéntrico no es verosímil que procedan del mundo académico. Pienso que en esas averiguaciones están metidos los organismos de inteligencia.

Debo informarte que – ¡ por fin! – pude conocer al huidizo personaje de tus desvelos. Se registró en un hotel del centro de Budapest. El apellido suena tan raro – no es húngaro – que los empleados de la recepción lo recordaban perfectamente. Me valí de una recomendación del claustro de profesores para conseguir una cita con Ubrique; hable con él en el lobby de ese viejo hotel. Me dio la impresión de que los botones y camareros escuchaban nuestra conversación. Los documentos que la insistente Panonia te entregó a ti los envolví en cartones para empacar cristales. Se los pasé con disimulo en una tienda de libros de una plaza comercial próxima a la estación del tranvía. Compró enseguida un libro de un escritor desconocido para mi, pidió una bolsa grande y echó en ella los documentos y el libro. No tengo que decirte que no he hecho otra cosa que ocultar los papeles continuamente, metiendo un sobre dentro de otro de mayor tamaño; la envoltura siempre estuvo limpia, con el aspecto de ser nueva. No he tocado directamente el contenido, ni leído una sola línea de ningún documento, a pesar de mi grandísimo interés y explicable curiosidad.

El tipo tiene una cara angulosa, la nariz fuerte propia de las estatuas de los héroes medievales, ojos acerados y cejas espesas; pero su mirada es amable, aunque las preguntas que hace son directas y atrevidas. Estoy convencido de que en su interior pensamientos y emociones andan separados. Al tomar en sus manos el paquete de Panonia noté que la piel de su cara cambió de color, cerró un poco los parpados y permaneció un instante en silencio.

Sé que él apresuró su salida del país porque no se sentía seguro.

¿Para qué volvió? ¿Qué buscaba? ¿Qué hizo o averiguó en Eger?

¿Qué lo retiene en La Habana? ¿Sigue habiendo mujeres hermosas en Eger? ¿Es cierto que viven en los viñedos? Ladislao Ubrique viaja con su pasaporte ordinario, no se ha dejado crecer la barba, no oculta su identidad al presentarse; entra y sale por los aeropuertos y cumple con todos los requisitos burocráticos de migración y de aduanas; habla con naturalidad; de su boca salen los mismos atrevimientos políticos que me has contado durante el curso que hicimos juntos. Aparentemente, está inmerso en sus investigaciones históricas, sociales o culturales. ¿De dónde proceden sus ingresos monetarios? Lo he visto bien vestido. Me hizo reproches por llevar ropa raída y sucia “como los beatniks de Norteamérica”. Panonia, lo mismo que tu, lo respetan y admiran tanto que no preguntan estas cosas “groseras” sobre el dinero y los costos de los pasajes aéreos. ¿Para quién trabaja? No creas que soy suspicaz; pero no me parece bien que acabemos todos en la cárcel. ¿No recuerdas, acaso, los consejos prácticos de Panonia?

Puedes escribir a la señora Gizella Ferenczy para que avise a tu compañera de estudios que – finalmente – el encargo que te dio ha tenido cabal cumplimiento. Se entregó “en persona”, en las manos del destinatario. Si esos papeles llegaran a ser valiosos o útiles, lo sabremos con el paso del tiempo. He ido todas las semanas a la librería inglesa que está en Oktober 6 utca; fueron ellos quienes consiguieron los escritos de Ubrique en los EUA; el encargado de la venta de periódicos, un anciano periodista retirado, disfruta buscando objetos literarios perdidos. En la librería Atlantisz, en la facultad de humanidades, no hay ejemplares de los libros del filólogo Sandor Csoma de Koros.

Tendrás que buscarlos en otra parte, pues no puedo llegar fácilmente hasta Piarista koz; es muy lejos de mi casa.

Cuando muchas vidas se convierten en jirones, las historias correspondientes se tornan hilachas. Si deseas reconstruir las peripecias de Ladislao te veras obligado a coser una colcha de retazos. Sus ideas y opiniones son asuntos paralelos a los episodios de su vida. Es un caso de pensamiento coherente y vida discontinua. Algunos estudiantes se atreverán a imprimir sus cátedras y, más tarde, a venderlas a editores piratas extranjeros.

Puedo decirte que en los cenáculos literarios de Viena hay escritores estrafalarios que proponen hoy nuevas técnicas novelescas. La historia de la vida de Ladislao comienza a ser dramática en el momento en que él descubre que sus ideas son tan acertadas como peligrosas y, por tanto, es imprescindible preservarlas en una caja fuerte. El novelista Milan Kundera escribió un ensayo sobre la necesidad de “un nuevo arte de despojamiento radical (que permita abarcar la totalidad de la existencia en el mundo moderno sin perder la claridad arquitectónica); un nuevo arte del contrapunto novelesco (capaz de soldar en una única música la filosofía, la narración y el ensueño); un arte de ensayo específicamente novelesco (es decir que no pretenda aportar un mensaje apodíctico, sino que siga siendo hipotético, lúdico o irónico)”. Ladislao Ubrique me dijo que ese “genero macedonio” sólo podría surgir en dos extremos del mundo: los Balcanes o las Antillas. Recibe un abrazo cordial de tu amigo, Ignaz Dientzenhofer.