Informe del PNUD

UBI RIVAS
El Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD), en su versión RD, concibió un informe en el que cuestiona el rol asumido tanto por políticos y empresarios en el propósito medular de reducir los abismos económicos existentes en nuestro país, pavorosos y peligrosos. Bastaría con reflexionar sobre el tema el editorial de HOY del 21 del presente mes de mayo para disponer de una visión certera del fiasco que ha sido y traducido el accionar raquítico de gobernantes políticos y empresarios en esa faena social.

En efecto, acusa el PNUD, y reitera su capacidad para demostrarlo en un escenario compartido amplio, plural, público y controvertido, como estila la jerga jurídica en lo concerniente a un juicio, es decir, que insiste en cuestionar la incapacidad de los sectores que han debido cohesionarse para aminorar y/o reducir los escandalosos abismos económicos en la estructura de la sociedad dominicana, asaz lamentables.

Son organismos de financiamientos externos, no políticos de oposición enanizando al partido de gobierno, los que propalan que de 8.5 millones de dominicanos que somos hoy, el 65% vegeta en pobreza, es decir, 4.8 millones, mientras un 36% subvive en pobreza extrema, es decir, 1.6 millones.

Esos mismos organismos atestiguan que en el anterior gobierno la pobreza se agudizó en un 4% y el PUB apenas hizo un asomo de un 1% en el foto finish de la evaluaciones, pero ahora está en 4% el crecimiento y no refleja, como indica el editorial de HOY, en mejoría alguna para los preteridos.

Las excepciones impositivas fiscales, la evasión fiscal, la tasa cero para importar maquinarias e insomnios y lo condigno para las exportaciones incluido la eliminación del recargo cambiario, disminuir el peso específico de bienes de consumo en latas y fundas de alimentos muchas de las cuales al abrirlas están por casi la mitad, ha sido el denominador común de la conducta del empresariado.

Ese jalonar conductual no ha reparado para nada en el hacinamiento y la pésima calidad de vida en que vegetan dominicanos residentes en Capotillo, Simón Bolívar, Chulín, Guachupita, Borojol, Sal si Puedes y Canta la Rana, para solo citar algunos bolsones de miseria de la cual no son culpables totalmente sus moradores, sino que tiene un componente de alta irresponsabilidad de quienes han debido paliarla y han desdeñado el drama humano que les circunda.

Ningún gobierno luego del traumático 30-05-61 ha intentado jamás una acción terapéutica social en esas barriadas, pero ni siquiera el presidente Salvador Jorge Blanco acometió solucionar la barriada marginada contigua a su residencia de antaño y hogaño de La Yuca, ni tampoco ningún otro El Manguito, detrás de la opulenta avenida Saratosa y a escasos metros de la sede de la Asociación de Industrias y el famoso CONEP.

Algo que sí se advierte, como condimento final a la tragedia que se cierne agorera sobre el cielo dominicano, es la ausencia absoluta de autoridad, donde todos hacemos lo que nos viene en ganas, desde contravenir disposiciones elementales de la Ley 241, la de mayor violación diaria, cumplir con nuestros compromisos fiscales, abusar de los obreros en sus salarios-jornadas, abultar sin la menor acusación de la conciencia cuentas bancarias mal habidas y expensas de la exacción del esfuerzo ajeno. Son todos esos motivos los que concitan a los dominicanos cuando se reúnen más de uno, a evocar y desear la aparición de un hombre-gendarme nuevo.