Infortunios de un eslabón al medio

El tráfico de sustancias ilícitas afecta moral y físicamente al país. Hace quedar mal a la autoridad burlando sus controles. Sus promotores externos compran complicidades y fomentan la criminalidad local para el trasiego internacional y el mercado interno. Se trata de narcóticos procedentes de fuera y que en su mayor proporción se consumen fuera. Se palpa que el país falla con cierta frecuencia en contener ese contrabando. Sin embargo, más palpable resulta que la producción clandestina y el gran negocio del expendio en las calles corresponden a tolerancias de otras latitudes. República Dominicana sufre el efecto de estar situada en el justo medio para las rutas que el narcotráfico necesita para conectar a productores y consumidores.

El delinquir criollo en ese campo es determinado por el exógeno y abrumador poder económico de los carteles y por el éxito de ese comercio en territorios de países ricos que codician la droga y pagan caro por ella bajo la inoperancia de sus autoridades que, por lo visto, resultan blandas y consecuentes con el consumo. La nación dominicana está en el derecho de pedir cuentas a esos Estados de origen y destino de este comercio porque en esencia es el débil manejo del problema en otros lugares lo que más propicia la condición de puente de este país. Se trata, allá al norte, de mercados excelentemente abastecidos, muestra de la insuficiente lucha del primer mundo contra la adicción.

Bajando guardia en el Caribe

Las informaciones de primera mano proceden del propio Estados Unidos. Se está dejando crecientemente a la buena de Dios en esta zona la detección sobre aguas y espacio aéreo del acarreo de sustancias ilícitas. Y en consecuencia, el tráfico crece en volumen. Como ha ocurrido antes, urgencias de las estrategias estadounidenses en otras partes del mundo dejan con menos logística al Caribe y además el Capitolio niega recursos para adecuar operaciones en esta cuenca. Desconcierta que Wa- shington no reaccione al hecho de que su nación se volverá más accesible a la llegada de drogas y que al bajar la guardia expone a su socio República Dominicana a una crecida actuación de carteles del narco desde este territorio. Sin la cooperación de los norteamericanos contra este flagelo, las débiles estructuras y las limitaciones de recursos que caracterizan al país en ese renglón están llamadas a fallar más. Buen viaje Mister Biden.