Inició Festival  Atabales

Efe. Santo Domingo.  Al ritmo de tambores, maracas y güiros, cientos de dominicanos acompañados de algunos turistas iniciaron ayer la celebración del octavo Festival de Atabales de Sainaguá, en la provincia de San Cristóbal, al sur del país.

En el espectáculo participan más de cincuenta exponentes de la música afrocaribeña del país.

Esta actividad, que según sus organizadores se realiza desde hace más de 30 años en el Club Sol Naciente de Sainaguá, en San Cristóbal, es dedicada en esta oportunidad a la Cofradía de San Antonio Cañandre.

Nelson Rivera, organizador del festejo, dijo a Efe que “el atabal se anida en el corazón del dominicano y que con estas celebraciones la organización Sol Naciente busca que las nuevas generaciones se involucren y tengan oportunidad de conocer sus raíces”.

“El dominicano es una mezcla de diferentes culturas, la española, la africana y la indígena en menor cantidad, eso debemos reconocerlo, pero somos netamente mulatos, la negritud la llevamos en la sangre y esta música de atabales representa esto”, agregó Rivera.

Tradición

Roldán Mármol, cantautor y dirigente de movimientos culturales en el país, dijo a Efe que “este es el único festival que ha sobrevivido en República Dominicana, de todos los realizados desde la década de los años 70”.

El artista calificó la celebración de “gran tradición” y de expresión “genuina” de la cultura popular dominicana.

“El festival de atabales Sainaguá es una fiesta nacional de la identidad, es una pluralidad. Aquí se comparte de manera familiar y armoniosa”, agregó Roldán Mármol.

La fiesta se inauguró con participantes de todas las generaciones. Desde niños hasta abuelos presentaron sus piezas musicales y bailaron al ritmo del sabor afrocaribeño. 

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Otros bailes

No solo se baila congo, palos y otras raíces de atabal, sino también al ritmo del merengue típico, la bachata, el fusón y hasta el perico ripiao, comentó a Efe uno de los presentes, en referencia a una modalidad de merengue muy popular en la región norte del país.

El festival

Fue declarado patrimonio cultural de República Dominicana por el Parlamento bicameral local.