Injusticia social

“Es lamentable mi hermano”, así concluyó una llamada que el lunes me hiciera el señor Johnny Jorge, oficial de la AFP Scotia Crecer, para informarme de mi triste condición como trabajador dominicano.
Resulta que me habían informado que debía averiguar cuál era mi estatus en el sistema de seguridad social de la República Dominicana.
Pero, según la nueva ley y el nuevo sistema que entró en vigencia a partir del año 2003, en la vida yo no tengo un solo centavo acumulado para garantizar una pensión o retiro.
He llegado a ser el gran desamparado y desconocido del sistema.
Esto me ha causado un malestar en el alma que me deja sin aliento ya para muchas cosas.
Yo no he sido en la vida un holgazán ni un vividor de los demás.
Hasta el día de hoy, yo tengo casi cuarenta años de trabajo permanente, sin mencionar explotación infantil.
Enumero:
Seis años en la Policía Nacional, seis en el IDSS, seis en un diario, 13 como relacionador público del Concilio Evangélico de las Asambleas de Dios y diez de pastor.
Imagínese usted una situación así en un país donde una enfermedad catastrófica deja en la ruina al más bonito.
A mi edad y no habiendo hecho ni la cuarta parte de lo que yo he luchado en esta vida, hay funcionarios, políticos y arribistas que tienen pensiones, retiros, prestaciones, beneficios y seguros que les permitirá tener una existencia holgada, placentera y muy feliz.
Ya yo estoy como el sol a punto de gastársele el crepúsculo.
Solo miro dónde voy a caer pero me encuentro conque no tengo ni donde recostar mi cabeza.
He llegado al punto de no tener ganas ya de seguir haciendo nada.
Gracias por su atención durante esta jornada.