Inolvidable Apeco

Con el deceso el 16 del presente mes de Natalio de Jesús Puras Penzo, Apeco, en su natal y amada Santiago de los Caballeros, no hay crespones en la retina del lente, sino explosión de luz como en una aurora boreal.

Como Arquímedes, el gran físico griego usó los reflejos de la luz contra el general romano Marcelo en la batalla de Siracusa, Apeco transitó la iridiscencia de la luz, fue su apoyo, su gran aliada para desde sus entrañas intangibles, lograr las imágenes con su cámara sempiterna, legado Cultural del Primer Santiago de América y del país, secundador gráfico del libro que escribo sobre Santiago.

Asumiendo el rol señero de los pintores impresionistas franceses de quienes la luz evolucionada del día en sus diferentes prismas resultaba la magia de sus lienzos, Apeco capturó el misterio resplandeciente de la luz que plasmó en sus láminas inmortales.

Apeco fue la definición de su alias con que lo identificaron los clientes de la ferretería primero de su abuelo, don Augusto Penzo, y luego de su progenitor don Aurelio Puras Trinidad, porque las mercancías venían marcadas APECO, que traducía Augusto Penzo y CO. Idéntico a los grandes creadores, Apeco despreció el oropel, y el estiércol maldito del dinero lo aprovechó muy mínimo, para apenas subsistir y cada quien le ponía precio a su trabajo, contrario a la regla.

“Deseo poco y de lo poco que deseo poco lo deseo poco”, sentenció una vez.

Captó toda una época de Santiago de los Caballeros y fue fotógrafo personal del presidente Joaquín Balaguer de 1968 a 1978.

Como Ludwig Van Bethoven al expirar cuyas últimas palabras fueron: “Luz, más luz”, la iluminación se confabuló con la iluminación de su talento impar.

Y repitiendo al insigne aeda Freddy Gatón Arce, musitar para un gran artista: “Ay, ausente de la luz la vida está cantando y es la poesía un hecho para el hombre”…