Insostenible

Llámele inflación, estanflación o como usted quiera, pero en una cosa debemos quedar todos de acuerdo: la racha de alzas de precios se está haciendo insostenible para el presupuesto familiar y para muchas empresas.

No pasa un día sin que se registren alzas de precio que afecten a la población. Ayer fueron aumentados los pasajes del transporte terrestre para compensar el alza de los combustibles que rige desde el sábado.

Los artículos de uso y consumo, todos, han experimentado alzas de precios que van achicando cada vez más el poder adquisitivo del salario.

El Gobierno, que debería buscar los medios de compensar de algún modo a los más pobres, ni siquiera ha puesto en vigencia la prometida exoneración dispuesta para las medicinas y las materias primas para producirlas.

Al margen de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, que sin duda traerán más constreñimientos por el endurecimiento de la política fiscal, no se advierte que se esté haciendo algo para aliviar las presiones económicas que amenazan a miles de pequeñas empresas y comercios.

Al margen de esto, hay indicios de que podríamos sufrir en los próximos días dificultades para el abastecimiento de combustibles. El Gobierno está retrasado en el pago del subsidio del gas licuado de petróleo y eso ha provocado escasez de este combustible.

Los detallistas de gasolina afirman que ha comenzado a escasear el gasoil por un problema de desajuste del mercado de este carburante.

En fin, todas estas dificultades apuntan, de alguna manera, hacia encrecimiento de productos y servicios, lo que viene a sumarse a la situación de precariedad que ya tenemos.

Sin embargo, hasta ahora, las preocupaciones de muchos funcionarios están puestas en el activismo político y en la búsqueda de la reelección presidencial. En esos menesteres se gastan la mayor parte del tiempo que deberían dedicar a encontrar remedios para esta situación insostenible.

[b]SIDA[/b]

Las cifras sobre la incidencia del Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (SIDA) entre los dominicanos siguen siendo alarmantes, aunque se afirme que los registros indican mejoría en las cifras de contagios. Cada día, los reportes sobre infectados anotan aumentos en la relación porcentual respecto de nuestra población.

A buen juicio, debemos tratar al SIDA como la peor epidemia que hayamos padecido, pues en nuestro medio, como en cualquier país pobre, son propicias las condiciones para el contagio.

Uno de los rasgos más preocupantes de esta enfermedad es que los principales focos de infectados están precisamente en los segmentos poblacionales de mayor capacidad productiva, en la juventud, en la que suele predominar la mayor actividad sexual, los vicios y los más altos grados de promiscuidad.

Se trata de una enfermedad que se ha expandido por todo el mundo y que ataca con mayor frecuencia a los segmentos más pobres de la población, en los cuales suelen obviarse con mayor incidencia los medios de protección y es más difícil el acceso a los tratamientos que permiten, al menos, prolongar la existencia una vez que se ha producido el contagio.

Para los gobiernos, incluido el nuestro, el diseño de políticas de prevención es el único medio para enfrentarse a esta realidad moderna, pues hasta el momento no existe vacuna para inmunizar contra el retrovirus, ni hay tratamiento curativo cuyo éxito haya sido probado. Así las cosas, la defensa contra el SIDA depende fundamentalmente de la actitud de cada persona, del cuidado que observe en sus relaciones íntimas y evitando la promiscuidad.