Instancia a los jueces de la Suprema

JUAN D. COTES MORALES
Quien os dirige la presente, muy respetuosamente, tiene a bien exponeros lo siguiente: Primero: En virtud de que las sentencias se dictan en nombre de la República, porque la gratuidad de la administración de justicia es de interés público y del más alto interés nacional, toda vez que a través de ella se logra la equidad y paz social indispensables para garantizar el anhelado estado de derecho, la vigencia plena de las instituciones democráticas y el equilibrio de los poderes que sostienen la República.

Segundo: En virtud de que asumisteis vuestras funciones con dos años de retraso durante los cuales muchos jueces y fiscales de conciencias apagadas hicieron causa común con pijiriguas, sicofantes, delusores, guaches, furentes, en fin, gente de toda laya y pelambre, que se aprovechó de la reforma y de los enchufes políticos.

Tercero: Advertidos ya de que vuestras funciones son temporales como el interés, el sexo, las facultades mentales y las cosas de medio uso que nuestros sentidos desechan, preciso es recordarles que podéis conciliar las disposiciones constitucionales con vuestras facultades y atribuciones para que a través del velo rasgado de la feérica inamovilidad podáis por vuestros principios e identidad asumir la Escuela de la Magistratura y la Carrera Judicial para que las tinieblas no se asomen a ninguno de vosotros y mucho menos al Tribunal Supremo.

Cuarto: Recoged todas las recusaciones, querellas y denuncias y ponderadlas con vuestro elevado espíritu de justicia a fin de que podáis descuajaringar los garduños, igüedos y maulas que a cencerros destapados viven sobre el país a la flor del berro, así como también para que podáis reivindicar muchas honras y reputaciones vilmente ofendidas por coimeros y estraperlistas de la piara política.

Quinto: Recordad, como vicarios de la República, lo que cada uno de vosotros expuso ante el pueblo el día de vuestra elección y las altas calificaciones y aplausos que recibieron los colegas que tenían vuestras aspiraciones, humildad, vocación y merecimientos para que en su oportunidad os sirva de reproche a la negra honrilla o de accésit en la jurispericia de vuestra íntima convicción.

Sexto: Recordad siempre a Ruiz Tejada, B.J. No.722, 7/1/71: “Ayudemos a los jueces con nuestra palabra, con nuestro aliento, con nuestra colaboración. Porque, si evidentemente hay muchos que por su manera de actuar, deberían tener el coraje de abandonar la toga y seguir otro camino, hay en cambio otros que son hombres abnegados, sufridos, pacientes, cumplidores de su deber, honrados a carta cabal, dignos de todo respeto y de toda consideración”.

Séptimo: Que antes de conocer el fondo de la presente instancia se nos libre acta de que el proceso de desjudicialización de expedientes y la designación de jueces liquidadores o exterminadores no es un consuelo de beatas y tartufos, guripas y echacantos.

Octavo: Concederme quince días para depositar escrito ampliatorio sobre la forma cruel y desgarradora como se ha manejado la terminación del edificio destinado como sede del alto tribunal y cómo se han asignado los fondos desde la sesión aquella del último aquelarre. Y haréis justicia.