Instituto Dominicano de Cardiología es suficiente para necesidades del país

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Para que el Estado Dominicano haga costosísimas inversiones en construir hospitales especializados en cardiología -como tiene en proyecto- mejor es “que tenga un poco de confianza” y dé los recursos necesarios al Instituto Dominicano de Cardiología (IDC), que es la primera institución cardiológica del país, “sin restarles méritos a otras instituciones que se han desarrollado, y han jugado su papel”, afirma el doctor Rafael Pichardo, jefe de Investigaciones del IDC.

El doctor Pichardo es “la memoria histórica del IDC”, y uno de los investigadores -perdonándome los otros brillantes médicos de la rama- que más conoce de la cardiología en la República Dominicana.

“Que se entienda, que el Instituto no es un servicio de cardiología, que se dedica a la cirugía o cualquier otra rama de la disciplina especializada. El IDC es un centro global en cardiología, con todas las características, los compromisos y responsabilidades que implica desarrollarse en todas las áreas de la cardiología”, afirma el galeno, para inmediatamente agregar, con énfasis, que “el Instituto como proyecto global se inició desde el principio, que busca la excelencia en lo asistencial y la formación de especialistas, es lo que los norteamericanos llaman un hospital docente”.

El doctor Pichardo explicó que este desarrollo institucional, más lo que los recursos del momento permitían, llevó a que el Instituto “llegara tardíamente” a algunas importantes ramas de la especialidad, como por ejemplo, la cirugía: “En el país se comenzó a operar hace una década; en el instituto hace apenas 5 años… Pero lo que importa ahora es que sigamos creciendo, y que sigamos ofertando a las clases pobres, que no pueden accesar a los servicios especializados”.

[b]EL HOSPITAL DE LOS POBRES[/b]

A pesar de que ahora se está en los aprestos de la seguridad social, los sectores marginados de la sociedad no tienen un hospital especializado: “No tienen cateterismo, ni tienen cirugía a nivel público… Nosotros somos los que pensamos que le sale más barato al Estado, depositar la confianza en nosotros, dar los recursos que estar haciendo hospitales nuevos, costosísimos… Es una cuestión de pura lógica, elemental”.

(No sé por qué al escuchar este razonamiento del doctor Pichardo hice un símil con la Universidad Autónoma de Santo Domingo, UASD, que ha pesar de ser el centro docente de educación superior del Estado, éste inexplicablemente no le da los recursos necesarios para que los hijos de los pobres puedan realizar una carrera universitaria con la calidad y eficiencia que exige la vida moderna. “La ciencia, hermano, no es los pobres. La ciencia, hermano, no es los pueblos”, dice el Indio Duarte, declamando el poema Agua tata, agua mama).

[b]]PRIMERA EN TODO[/b]

El Instituto Dominicano de Cardiología no sólo es la primera institución en su género, en término histórico -se fundó a principio de la década del 60′, en el hospital Moscoso Puello, con apenas 4 camas- sino que hoy en día, con el desarrollo que logró, a costa de esfuerzo, voluntad y vocación de servicio al prójimo, es la primera institución cardiológica en términos hospitalarios, científicos, docentes y de servicio social, del país. En esta década del 60′ comenzaron los pioneros de la cardiología (7 u 8 cardiólogos) a organizar la primera sociedad de cardiología: “Pero hay que reconocer que fuera de ésto no había medicina hospitalaria cardiológica… Es decir, habían unos cuantos cardiólogos, a nivel privado, que comenzaron a nuclearse, a hablar un lenguaje común… Pero como tal, la cardiología no se conocía, rememora el jefe de Investigaciones del IDC.

Después de nuclearse los cardiólogos embrionarios del futuro proyecto, el siguiente paso fue crear la Asociación para el Desarrollo de la Cardiología (APIDOCAR), que después daría paso a la Fundación Dominicana de Cardiología, que lideraba y liderea, y la bujía médica inspiradora del proyecto era, sobre todo, el doctor Guarocuya Batista del Villar.

Motivado por el trabajo tesonero de los doctores Mateo y Batista del Villar, un grupo de empresarios comienza a hacer aportes económicos. Este proyecto se fue fortaleciendo, y ya para el año 1976 “se tira la primera zapata” de la cardiología en sí, al iniciarse formalmente una Residencia de Cardiología, “en el mismo hospital Moscoso Puello, donde ya ocupaba un ala parcial…

O sea, el Instituto, en su comienzo estaba insertado en lo que era la medicina pública”, continúa rememorando quien es venerado como “la memoria histórica del IDC”, el doctor Pichardo.

“Hay que recordar que el Moscoso Puello, que acababa de ser fundado con todos los adelantos de la medicina moderna, era un hospital puntual, muy desarrollado en esa época”, dice el cardiólogo.

Los aportes que hicieron ambas instituciones al desarrollo (El Instituto Dominicano de Cardiología y la Fundación Dominicana de Cardiología) fueron enormes, porque creó una conciencia en la opinión pública que se comenzó a difundir por medio de campañas publicitarias, escritos y entrevistas por los medios de comunicación, etcétera.

“En esa época colaboró estrechamente con los doctores Mateo y Batista del Villar, el doctor Angel Chan Aquino, quien desarrolla la cirugía cardiovascular, siendo el primer cirujano cardiovascular del país”, reconoce el galeno.

[b]APORTES CIENTÍFICOS Y DOCENTES[/b]

Una vez que pasó de su etapa iniciar en el Moscoso Puello, el IDC, a través de la Fundación de Cardiología obtuvo en el año 1985, del doctor Joaquín Balaguer, la donación de un solar en Los Ríos, donde está la sede actualmente, y en principio construyó una primera planta y el sótano, en una extensión de tres mil metros cuadrados de construcción.

El IDC es pionero en R.D. en hacer ecocardiogramas y actualmente hace 25 a 30 ecocardiografías al día.

También desarrolló la prueba de esfuerzo: “El Instituto también es pionero en el desarrollo de un laboratorio clínico, que sirve de soporte a la investigación, considerado entre los mejores del país; y para completar el ciclo del desarrollo en los últimos cinco años, tiene ya un equipo de hemodinamia digital, de última generación, necesario para diagnosticar la enfermedad coronaria y hacer procedimientos curativos, si son necesarios, poniendo stems”, dijo el alto ejecutivo médico del IDC.

Y con el “plan quirúrgico”, que ha operado más de 400 pacientes, con una mortandad de un 5 por ciento, que es la mortandad de un centro privado de países desarrollados, cierra su desarrollo histórico. Ahora, lo que necesita es más recursos para seguir operando y mantener el stándard logrado por más de 25 años.

Hoy en día se han graduado más de 115 cardiólogos en el Instituto, que son una cuarta parte de matrícula de la especialidad en el país.

El IDC posee la única escuela para formar sub especialistas en ecocardiografía, donde ingresan cardiólogos ya graduados, obteniendo subespecialidad en el área. En la investigación, el IDC es la institución que más ha investigado en el campo de la cardiología (un 6 por ciento de los investigados en el país). Ha participado en investigaciones con importantes centros hospitalarios internacionales, y ha aportado más del 80 por ciento de la investigación de fármacos de procedencias nacionales.

El doctor Rafael Pichardo, además de ser jefe de Investigaciones del IDC, ha ocupado las funciones de subdirector, director médico y también ocupa un cargo ejecutivo en la asociación que agrupa a los cardiólogos Centroamericanos y del Caribe.