INTEC

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Hoy cumple 33 años de existencia el Instituto Tecnológico de Santo Domingo -la universidad de las siglas INTEC- un centro de estudios superiores que nació con prestigio hace ese tiempo, por las especiales condiciones de los profesionales reconocidos que la fundaron.

Intec ha mantenido en alto la excelencia académica. De sus aulas se emerge con títulos que la sociedad dominicana acoge con absoluta confianza en las preparaciones cursadas.

Se puede afirmar que graduarse en Intec es motivo de mucho orgullo para la juventud. Probablemente es una de las universidades dominicanas con mayor índice de exigencias en la preparación de quienes  aspiran a ser sus alumnos.

Intec no pretendió nunca ser una institución académica de matriculación en masa; ni de impartición de muchas carreras, lo que a este tiempo de existencia la hubiera hecho un centro super poblado, más parecido a una industria de expedición de títulos  que a lo que realmente es: una universidad que pone  más atención y esfuerzo en la calificación superior de sus egresados que en la multiplicación exorbitante del número de matriculados.

Intec intevestiga científicamente –no solo imparte docencia- y acoge al profesional que aspira a regresar al aula para en corto tiempo elevar su currículum con éxito.  Por más de una vía la sociedad recibe beneficios de su labor de estudios y de difusión  del conocimiento. De su continua relación con los avances académicos en el resto del mundo.

También honra a Intec el hecho de ser una universidad que no cabildea reconocimientos, que no usa presión alguna de sus reputados dirigentes para procurar ventajas publicitarias y donde no se da cabida a arrogancia ni a prepotencias sino a la calidad.

El 33 aniversario  de Intec es un motivo de  celebración para todos los dominicanos y también para felicitar a esa valiosa familia universitaria y a quienes la encabezan, en las personas del  rector Miguel Escala y demás autoridades.

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Foco de contaminación

Una laguna artificial situada en las inmediaciones de residenciales  como El Millón, Rosmil y Las Praderas resulta un foco de contaminación para miles de familias. Un verdadero muladar que genera hedores y propicia  la multiplicación de plagas como la de mosquitos que transmiten  temibles enfermedades.

Hace tiempo que alguien se inventó que una depresión de terreno, allí, podía aprovecharse para almacenar  la descarga masiva de aguas, usadas o llovidas, y luego captadas por sistemas de drenaje.

Apareció quien pusiera a existir esa masa de líquidos con putrefacción pero no ha aparecido quien desde organismos del Estado pusiera serio empeño en hacerla desaparecer en algún momento.

Del caso han debido ocuparse entidades como la Corporación de Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo, el ayuntamiento del Distrito Nacional y la Secretaría de Salud Pública.

Este es un país de gran versatilidad para acrecentar la burocracia; se vive creando oficinas nuevas para “nuevos enfoques” de la gestión publica o “nuevos problemas”  de la cotidianidad. Algunas con sueldos fastuosos para sus flamantes “incumbentes”.

Pero los problemas viejos, elementales y primarios no tienen–como el famoso coronel- quien se acuerde de que siguen complicando  la vida de los ciudadanos, lo que habla muy mal –pero muy claro– de incapacidades  institucionales ante la obligación de  mantener,entre otras cosas, limpia e higiénica a la capital de la República.

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