Integración de la personalidad

Nos referimos en cuanto a la integridad del individuo, al funcionamiento armonioso de los componentes del sistema humano y de estos síntomas, alternadamente, con su ambiente. En un nivel psicológico, la eficacia de la integración se evalúa en términos de coordinación del pensamiento, de la sensación y de la acción de la libertad de conflictos internos quebrantadores, en cuanto a las defensas rígidas de la franqueza a las nuevas experiencias y de la idoneidad del ajuste en el ambiente.

A menudo, en el ajuste y la integración de los términos se utilizan sinónimos. Hay una diferencia, sin embargo, para una persona que puede demostrar un nivel bajo en la integración de la personalidad y todavía ser ajustado bien si el ambiente toma demandas mínimas sobre él. Así, una persona no madura y poco concertada puede ajustarse adecuadamente mientras viva en el país con una madre que lo protege de tener que resolver las demandas inusuales de la edad adulta. Vemos otra vez la insuficiencia del concepto del ajuste personal como criterio de la normalidad, puesto que tal individuo puede apenas ser considerado como una persona íntegra.

Comenzando la adolescencia, es habitual que los jóvenes sufran presiones intensas por conformarse a normas y expectativas de algunos o varios grupos de referencia. Que tan bien se acomoden con un grupo o a criterios de los compañeros afecta a la autoimagen y, a menudo, su sistema de valores depende de valores de otras personas.

Los jóvenes no universitarios pasan por las mismas transformaciones drásticas en los primeros años después de la secundaria. En parte, estos cambios también se deben a la adaptación a la nueva forma de vida; socializarse en una ocupación particular,  aprender nuevas reglas y normas y atestiguar la disolución del viejo círculo de amigos.

Al mismo tiempo los adolescentes mayores que se incorporan a la fuerza de trabajo adquieren a menudo un punto de vista  objetivo e independiente. Sus valoraciones, como las de los universitarios, se vuelven más personales.

Muchas veces, los adolescentes no tienen una armadura de entumecimiento o indiferencia que los proteja de la frustración y la falta de autorrealización. Durante estos años, las necesidades de integración personal, identidad y autorrealización son especialmente insistentes. Los jóvenes trabajadores, como los universitarios, son sensibles y vulnerables a una sociedad tecnológica e impersonal.

Por esto, la integración de la personalidad constituye un estado ideal al que uno puede ir acercándose, pero que difícilmente es alcanzado de forma completa. Una imagen aproximada de este ideal seria la del individuo cuyas necesidades, satisfacciones y logros estuvieran siempre armonizados, y nunca en estado de conflicto interior. Esa persona, así dibujada, sería completamente feliz y productiva.