Intelectuales discuten las trampas del poder

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Ante la provocadora pregunta del escritor Avelino Stanley, sobre la escasa asistencia de intelectuales que trabajan en el gobierno en el coloquio “Los intelectuales y el poder”, Odalís Pérez, disertante y miembro del gabinete oficial, respondió que algunos creen que el tema está manido, gastado, y otros temen que los cancelen por emitir sus críticas consideraciones.

Para que el auditorio tuviera una idea de sus niveles de independencia, Pérez destacó que aún siendo él parte del gobierno ha protestado por las actuaciones que le parecen inadecuadas, e inclusive, escribió un libro contra intelectuales que están anclados en el gobierno “y hasta ahora no me han cencelado, no sé mañana”.

“Desde el punto de vista de los intelectuales en la secretaría de Cultura, que es lo que tú quieres que yo explique Avelino, déjame decirte que allí los hay protestatarios y sumisos, y tú sabes quiénes son, tú los conoces”.

Sin embargo, aclaró que aunque hay “intelectuales integrados” que han dañado la cultura porque le han quitado su peso específico, no todo está perdido porque algunas cosas se han hecho bien…”hay que analizar esta situación con un sentido de racionalidad”.

Durante el calor de los debates sobre la responsabilidad social y política de los intelectuales, efectuados en el auditorio José María Bonetti, de la Universidad APEC, Pérez manifestó que los librepensadores tienen que ser orientadores del gobierno, del Estado, de la sociedad y de los sectores poderosos.

Pero éstos, en lugar de decirle a los poderosos, a los que manejan capitales, cuáles son las actuaciones correctas, callan por no perder empleos, autoridad, incidencia, y sobre todo por temor a dejar de percibir un cheque, precisó Pérez, quien disertó sobre “Los intelectuales y el poder político en la República Domincana”.

Como colofón expresó que el intelectual no debe ser un politiquero, aunque su concepción política debería estar basada en la democracia. Para él no son verdaderos intelectuales los que viven de su condición de áulico, mensajero, escriba, o cualquier otra función contraria a la formación intelectual.

[b]”GUERRAS TARDIAS”[/b]

En la sesión de preguntas la poeta Angela Hernández cuestionó que en el encuentro no se discutiera el silencio de los intelectuales sobre la presencia de soldados dominicanos en Irak, sobre la conducción errática del país, “con visos de por sí dictatoriales”, o las distintas redes de relaciones de poder.

Guillermo Piña Contreras, coordinador de la actividad que reunió además a Rafael Toribio, Fidel Munnigh, José Rafael Lantigua, Mu-Kien Sang Ben, José Antinoe Fiallo y Manuel Núñez, lamentó que todavía haya gente “con guerras atrasadas” y que como esos temas se trataron en el primer debate, repetirlos significaba alterar el orden del conversatorio.

Pero José Rafel Lantigua quiso referise a esos conceptos. “Cuando se le pide al intelectual su intervención sobre el envío de soldados a Irak lo que se busca es que opine frente a la realidad política dominicana, para poder establecer cuál será el futuro del país.

“Lo que se pide es orientación para un país que está desgastándose en la desesperanza, en la desilución, que ha caído en un abatimiento ético y de todo tipo… ahí se necesita la voz del intelectual para saber cuál será el futuro del país”, refirió el escritor cuya ponencia fue “De Wriht Mills a Norberto Bobbio: la conducta intelectual”.

[b]¿RADIOGRAFIA INTELECTUAL?[/b]

El tema tratado por Mu-Kien Sang Ben fue “Una elección sin dudas”, que inició con los antecedentes de la Constitución de 1858, y de cómo ese proyecto liberal claudicó ante las luchas de poder.

Pero en el debate se preguntó qué intelectual dominicano puede vivir sólo de su trabajo creativo. “Aquí no se puede, uno tiene que compartir el trabajo intelectual con otras actividades, eso una realidad”.

Sobre la vinculación del intelectual con la política destacó que cuando asume una posición en torno a un acontecimiento se tienen posiciones políticas. “Pero una cosa es si se hace por deferender intereses o desde la óptica de la conciencia”.

En torno a la ética, refirió que todo el mundo debe asumirla, desde el intelectual hasta la lavandera, pero la responsabilidad de éste es mayor por su influencia en el curso de los acontecimientos sociales.

“No es lo mismo justificar a Robespierre y Stalin por la razón de Estado, cuando ambos fueron asesinos, o a Mao Tse Tung, que también lo fue. En ese sentido, la posición del intelectual tiene mayor responsabilidad por el peso que tiene en la sociedad”.

“Los intelectuales y el poder: algunas reflexiones” fue el tema expuesto por Rafael Toribio, quien planteó que para analizar la situación del intelectual en el gobierno hay que tomar en cuenta “El intelectual que asume una posición dentro del gobierno tiene que saber las condiciones a las que se enfrenta, porque la lógica de la política es la lealtad sin limitaciones…y hasta mantenerse callado, por un sentido del pudor, se puede interpretar como deslealtad”.

En contraposición, destacó, algunos intelectuales han renunciado a la colaboración con el poder político del Estado para refugiarse en sectores económicos, pensando que hay menos condicionalidad. “Pero el grupo economico tiene unas reglas de juego, y el poder politico también llega ahí”, manifestó.

Piña Contreras cerró el debate con la lapidaria frase: “somos un poder sin espíritu de cuerpo, estamos disgregados”.